Eduardo Galeano: De lo fantástico a la realidad

Iván Prado Sejas*

 Fuente: http://amazingstoriesmag.com/2015/04/eduardo-galeano-de-lo-fantastico-la-realidad/

A muchos de los escritores latinoamericanos les ha atraído bastante lo fantástico a la hora de escribir sus relatos. Y por esto, el realismo mágico se convirtió en el boom en algún momento de la historia de la literatura. Si bien lo fantástico, en la boca de los investigadores y de los propios escritores, ha asumido distintos rostros, lo fantástico involucra el reflejar o vivenciar distintos significados para mostrar una historia. Desde la óptica de Todorov, Cortazar, Borges y otros, lo fantástico ha sido uno de los instrumentos, y uno de los medios, para expresar lo ficcional, en un contexto en el que la literatura latinoamericana se expresa con peculiaridades propias.

Eduardo Galeano fue un escritor que uso lo fantástico para darle significado a la realidad circundante. Esta realidad invisible para algunos y oculta para otros, fue desvelada por Galeano, frente a los espejismos imperantes en la sociedad (Muchas personas no siempre tienen la posibilidad de darse cuenta de la realidad en la que viven).

 

En Memorias del Fuego, Galeano exhibe relatos atravesados por mitos y leyendas. En cada momento histórico que Galeano muestra, emergen relatos impregnados de sucesos míticos, donde no sólo interesan los hechos sino también los significados. Y paradojalmente, estos significados permiten llegar directamente a la realidad. Lo abstracto predomina sobre lo concreto.

En el Libro de los Abrazos, Galeano crea ondas entre lo ficcional y la realidad y viceversa. Sus relatos son como gotas de agua impregnadas de colores puros, mezclados, fusionados, opacos y resplandecientes. Algunos de sus relatos se proyectan como parábolas, para que el lector use la intuición y penetre hacia la realidad, haciendo que surja la verdad.

En el libro Días y Noches de Amor, Galeano hace gala de ese surf literario, que le permite ingresar en las olas, estando y no estando dentro del mar. Juega entre lo real y lo fantástico, entre lo real y lo ficcional, entre lo mágico y lo real. Entonces, el lector sintonizado, en el transcurso de la lectura y su finalización, como todo buen surfista, sale realizado después de haber avanzado por el tubo, y emerge de la ola, triunfante y satisfecho. El que tiene una buena “tabla” de surf, —la intuición—, sale tres o cuatro veces más satisfecho. Así, esta obra de Galeano se encuentra impregnada de realidad y ficción, matizada ricamente por lo fantástico.

En la obra Espejos, Galeano hace de lo fantástico el lubricante que hace que las naves siderales funcionen. Aparecen dioses, diosas, sacerdotes, humanos, impíos, pecadores, salvadores, guerreros, héroes, campesinos, robots, y toda una gama de personajes que caminaron y caminan sobre la tierra y dentro de la imaginación de los hombres. Poesía y prosa, muestran la versatilidad de Galeano en el uso de los símbolos para penetrar en la mente del lector.

En Las Bocas del Tiempo, Galeano explora al tiempo como una entidad que engulle a los humanos que desean salvar su pellejo, pero no pueden. Galeano parece trasmitir que el tiempo lleno es un tiempo que pasa, un tiempo vacío es un tiempo eterno.

En Patas Arriba, Galeano usa lo metafórico y lo fantástico para mostrar lo paradojal de una realidad que se muestra oscura y con mucha luz al mismo tiempo. Algunos podrán ver la oscuridad, otros verán la luz. Y muy pocos verán las dos realidades. Galeano, para que el lector tome conciencia de la realidad en la que vive, a partir de una lectura de un texto con imágenes conocidas y desconocidas, usa lo paradójico como un contraste de lo aparentemente constituido. Lo fantástico aparece de forma paradójica entre la realidad y la irrealidad, entre la luz y la oscuridad, entre lo falso y lo verdadero.

En Las Palabras Andantes, Galeano convierte en notas musicales a las palabras, y hace escuchar canciones que reverberan en la mente del lector. Lo fantástico aparece como ingrediente principal, puesto que en lo imaginario se hace posible una realidad simbólica. Y la realidad simbólica existe en cuerpo y alma.

Es posible que los textos de Galeano generen una efervescencia en la mente de los investigadores de lo fantástico, puesto que en sus relatos emerge lo mítico, lo maravilloso, lo sobrenatural, lo simbólico y surrealista, y lo onírico, a parte de los elementos realistas reflejados en lo político, lo social, lo urbano, lo indigenista, lo rural y otros. Paradójicamente, lo fantástico, a través del significado nos lleva al conocimiento y comprensión de la realidad más allá de lo simplemente concreto, y por esto, la insistencia de Galeano en usar elementos fantásticos en su obra. Esta postura de Galeano, el de usar la narrativa fantástica, es resaltado en la obra Relatos Fantásticos Latinoamericanos, 1 y 2, editada por Editorial Popular, donde también están los cuentos de grandes escritores como Benedetti, Monterroso, Cortazar, Ocampo, Vallejo y otros.

A los escritores que hacemos de lo fantástico nuestro “cotidiano escribir”, consideramos que Eduardo Galeano, nos hace honor al resaltar lo fantástico dentro sus relatos y poesías. Y por otro lado, nos agrada que promueva para que el lector y el escritor de literatura fantástica conozcan la realidad detrás del velo oscuro que coloca el sistema hipercapitalista o cualquier otro sistema totalitario. Galeano, en ese contexto, nos conduce a la verdad utilizando lo fantástico. Ahí está el merito de su obra, en su lado fantástico.

* Escritor y Presidente del PENBOLIVIA, filial Cochabamba

LITERATURA, CIENCIA Y CIENCIA FICCION






Por Iván Rodrigo Mendizábal*

El debate es antiguo: el de la relación entre escritura literaria y escritura científica, el de la literatura como campo, el de la ciencia como otro campo. Tal debate probablemente tampoco se ha acabado y quizá es menester recordarlo brevemente: el objetivo, en este caso, situar el lugar de la ciencia ficción en dicho debate.


La ciencia y la literatura

La cuestión a observar inicialmente es la referida a la ciencia y a la literatura. En este marco, las dos denominaciones ya implican dos ámbitos probablemente con sus dominios propios.

En cuanto a la ciencia, esta tradicionalmente conceptuada como ese tipo de conocimiento logrado mediante métodos sistemáticos y racionales. Bajo esta consideración en “La racionalidad de las revoluciones científicas” (1973) Karl Popper señala que la ciencia se ha configurado como un medio para que el ser humano se adapte al medio; es decir, domine la naturaleza e incluso cree otras naturalezas. Martin Heidegger, en “La pregunta por la técnica” (1953), critica el sentido esta manera de constituirse la ciencia, señalando que el conocimiento científico si bien puede ayudar a desocultar lo esencial de la naturaleza, al mismo tiempo la transforma, con consecuencias impensables.

Fuera de la crítica, en efecto, la ciencia es el horizonte sobre el que se ha articulado la sociedad occidental moderna. Esto implica que, hasta el momento, su peso sigue siendo fundamental para que Estados o sistemas políticos la consideren como parte para sus imaginarios de desarrollo. Popper señala que la ciencia a partir de objetivar problemas, por su carácter dinámico, por su sentido de enfrentar a los mitos, produce descubrimientos considerados como revolucionarios y creadores; revolucionarios en tanto modifican algo no solo de la realidad, sino también mucho de los comportamientos de la sociedad; creadores en tanto generadores de ensayos y medios, conllevan resultados nuevos, algunas veces imprevisibles, pero por lo mismo creadores de nuevos senderos de exploración.

Grosso modo si bien lo anterior define, en cierto sentido, el impacto de la ciencia en la sociedad, Popper considera que hay un tercer factor, quizá el más llamativo para nuestro caso y que se relaciona no solo con la racionalidad de la ciencia, sino también con su expresión. Se trata del lenguaje.

Popper tiene conciencia que el lenguaje estimula la narración y, con ello, la imaginación creadora. Para él, por ejemplo, todo descubrimiento supone una narración explicativa, un relato que, si bien racional, es a la vez, por paradoja, productor de nuevos mitos y también lo que denomina la imaginación poética. Pues bien, Popper nos sugiere la ciencia, a través del lenguaje, conectada con el mundo de lo literario.

Respecto a la literatura habría que decir comúnmente se le comprende como todo aquello que es producido fuera de lo que es, podría decirse, la lengua ordinaria o cotidiana, asentado en el terreno de la escritura. Así, para Terry Eagleton en Una introducción a la teoría literaria (1998), la literatura como escritura implica una especie de violentamiento del lenguaje, una manera de organizar el lenguaje, hasta llegar a su rarificación, creando así un texto con el cual es posible una nueva relación –del lector con la obra–. El hecho del relacionamiento del lector con el texto literario es, de acuerdo a ello, la base para concebir lo que se denomina literatura –esto tampoco escapa a la relación del escritor con el texto que crea–.

Pero creo que es más sugerente el planteamiento que hace Jacques Derrida en la conferencia: “La filosofía en su lengua nacional (hacia una ‘licteratura en francesco’)” (1984). Desde ya Derrida es provocativo en su obra respecto a hurgar los intersticios del lenguaje. Nótese que entre paréntesis del título de su conferencia aparece el término “licteratura”, un arcaísmo ligado al 1500, atribuido al jurista Claude de Seyssel. Este término de alguna manera derivó en la actual palabra “literatura” en la lengua francesa. Su sentido primario, en el contexto que alude Derrida, es que la palabra aparece en el momento en que Francia se está planteado el dominio del territorio, mediante la unificación del lenguaje, situación que permitiría que, sobre todo, a los que no conocían el latín, puedan leer y, por lo tanto, acceder al conocimiento de ciertas cosas más elevadas: el hacer “licteratura” sería el medio para lograrlo. ¿Qué es lo que está se está comprendiendo con ello? Pues la literatura como traducción de un sistema de pensamiento a un lenguaje más, si se quiere, convencional.

Traducción, traslación, pero también interpretación. Eso es lo que está implicando la literatura en términos derridianos. Es claro que la ciencia, en sus diversas indagaciones, opera sobre un lenguaje especializado. En Popper, el científico está obligado a emplear el lenguaje, ese lenguaje especializado, para elaborar sus hipótesis luego de la observación y la solución del problema que le llevó a penetrar en la esencia de la naturaleza. Entonces, aparece esta idea de la traducción en su propia operación para generar, lo que dice él, la narración explicativa. No quiero meterme a indagar más los caminos falsacionistas o contrastativos y refutables que implican la elaboración del conocimiento en Popper, pero es preciso dar cuenta que, en efecto, el lenguaje es el recurso de traducción de una realidad científicamente observable a otra: el texto.

Se puede decir, entonces, que la vía del lenguaje es la que conecta, inicialmente, un campo con otro: la ciencia con la literatura. Lo literario, la traslación, es el terreno donde el científico usa de modo particular el lenguaje. Para su caso, para la narración explicativa, lo literario puede tener el viso de lo pragmático. Y esto es lo que caracteriza al lenguaje científico, a su escritura, que muchas veces se muestra árida, en sentido, que no siempre puede ser accesible a algún neófito.

Pero eso no quiere decir que la escritura de ciencias sea del todo así; el hecho que el lenguaje, en términos de Lakoff y Johnson, en Metáforas de la vida cotidiana (1995), esté impregnado por la metáfora, los textos, cualquiera sean una naturaleza, son desde ya metafóricos. Los mencionados Lakoff y Johnson son claros en decir que la metáfora subyace en el pensamiento, en la acción y, desde ese punto de vista, en el lenguaje, modo de expresión: “Nuestro sistema conceptual ordinario, en términos del cual pensamos y actuamos, es fundamentalmente de naturaleza metafórica” (p. 39).

La ciencia, por lo tanto, está traspasado por el lenguaje y de su manifestación escrita a sabiendas que en estos preexisten metáforas, es decir, imágenes, estructuras estructurantes y que ayudan a percibir la realidad. Por este mecanismo, la evidencia escrita es el resultado de ese salto, de esa experiencia que implica pensar una cosa en términos de otra, tal como se entiende la metáfora. La narración explicativa, entonces, aparecerá si bien como un texto pragmático, asimismo como un texto que contiene recursos literarios, recursos de rarificación, expresiones que apelan a series de imágenes conceptuales.

Esto nos lleva a afirmar que muchos de los textos científicos son, asimismo, piezas de literatura –licteratura–. Las podemos interrogar así si nos ponemos en el plano de la literariedad. Igualmente se puede hallar textos elaborados con lenguaje literario elaborados desde el campo de las ciencias. El propósito de estos últimos será probablemente divulgativo.

Expresar la ideas o crear mundos
Popper alude que la imaginación creadora, aun con el uso del lenguaje debe suponer, si bien una necesidad, al mismo tiempo un control. Esto lleva a la búsqueda de la verdad en oposición a la ideación de fantasías. Creo yo que la tensión existente entre literatura y ciencia, no obstante el terreno común del lenguaje, se halla acá y seguirá generando debates intensos.

La conferencia de Charles P. Snow, “Las dos culturas” (1959) puso de manifiesto tal tensión: la racionalidad científica funda una cultura científica diferente al de los cultores de la literatura. La una parece ser más materialista, más pragmatista, más objetivista, que la otra, probablemente más “humanista”. La una se autocorrige frente a la otra que supuestamente es “desorientada”. La primera que por su ejercicio se orienta al futuro, mientras que la segunda, por su carácter indagatorio o crítico, ve con temor dicho futuro. Es la tensión de los racionalistas que argumentan “rigurosamente” frente a los literatos que idean mundos bajo los cuales pretenden esconder argumentos no equiparables con los generados en el contexto del conocimiento. El nudo descrito por Snow supone, empero, que ni los científicos se interesan por la literatura y los literatos, si escriben de ciencia, lo hacen de modo inexacto y hasta fantasioso, haciendo perder el sentido del conocimiento logrado. El problema descrito se basa en el modo de encarar una cierta realidad, en las prácticas sociales y desde allá los líneas tangenciales que se abren hacia diferentes órbitas.

Sin embargo, lo dicho por Snow no inquiere el tema de los usos del lenguaje, de la práctica escrituraria, de cómo cada cultura establece sus diálogos para con la sociedad y, probablemente, las finalidades inscritas. Pero lo que sí hace es mostrar hasta qué punto la cultura científica se ha separado de la cultura literaria.

Aldous Huxley en Literatura y ciencia (1964) señala que la ciencia, mediante el lenguaje, comunica la experiencia de lo logrado por la investigación con la aplicación de algún método; la literatura comunica, por su parte, la experiencia personal o individual relativa a un sentimiento: la ciencia usa el lenguaje de modo más instrumental que la literatura, donde hay artificio. Las finalidades son distintas: la ciencia comunica la verdad “objetiva”, mientras la literatura lo “subjetivo”, si leemos a Huxley en términos de Popper. Pero, como he manifestado antes, respecto al lenguaje, acogiendo las ideas de Lakoff y Johnson, además de lo planteado por Derrida, ¿esta comunicación de la verdad objetiva es necesariamente “objetiva como tal? O quizá, ¿esta idea de verdad científica no es ciertamente la traducción o la traslación metafórica del sistema conceptual cuya naturaleza también es metafórica?

Miguel de Asúa en Ciencia y literatura: un relato histórico (2004) da cuenta que el pensamiento científico, desde Francis Bacon, comenzó a escindirse de la cultura cotidiana y tomó una cierta autonomía, sobre todo desde la revolución científica del XVII con Isaac Newton o René Descartes, etc.. Este hecho, asimismo, demarcó un camino que en el XIX va a tomar una preeminencia clara: la diferencia entre la actividad y el texto científico como parte de una profesión, y el de la literatura como el resultado más bien de una empresa personal de carácter estético. El camino desde Bacon hasta el XIX implica que cada vez más la brecha entre científicos y literatos se estuvo reorientando en sentido de su especialización: el uno hacia un lenguaje instrumental y artificial, el otro hacia un lenguaje imaginativo y poético; el lenguaje científico pareciera no extremar su carácter metafórico, en tanto que la literatura lo habría hecho, desbordando horizontes hacia la creación de mundos completamente nuevos, como proyecciones fantásticas de los conceptos.

Previo a ese camino, empero, habría toda una historia de textos “literario-científicos”. Por ejemplo, desde los albores de la civilización humana, el ser humano hizo también, si se quiere, “ciencia”. Probablemente el término ciencia como ahora se le entiende no tiene la misma connotación para denominar a las indagaciones astronómicas, matemáticas, médicas, etc. del mundo antiguo. Sin embargo, hay allá poemas y “relatos” con temas astronómicos, matemáticos o médicos; aun incluso en la época de Bacon, los literatos, que eran también filósofos, llaman la atención de la terminología “científica” de la época en sus poemas o cantos. La revolución científica iniciada en el XVII pone de manifiesto, de hecho, un debate alrededor de las letras: cómo expresar el trabajo de la ciencia fuera del lenguaje común o del lenguaje vulgar. Esto no impide que puedan aparecer manifestaciones literarias que, aprovechando los imaginarios producidos por la revolución científica, hurgaban horizontes inexplorados: por ejemplo, universos o mundos supuestamente poblados por otros seres o la construcción de utopías que dieren respuestas “científicas” –en diálogo con la filosofía– a las insatisfacciones de la naciente modernidad.

Si en algún momento, el decurso de la ciencia en paralelo de la literatura, implicó acercamientos y tensiones, la imaginación creadora, en términos de Popper, cada vez más se tuvo que vigilar. Empero, teniendo en cuenta las finalidades, el científico o el literato tendría que saber hacia dónde orientar sus textos, es decir, hacia dónde hacer licteratura –traducir, trasladar ideas–: si hacia una cerrada comunidad o hacia una sociedad que en algún momento debe también apropiarse del conocimiento científico.

Derrida, sugiere que Descartes, por ejemplo, dio una respuesta contundente desde su propia práctica filosófica-científica. La “facilitación” del conocimiento en lugar que este quede archivado en libros privados, es decir, hacer que la ciencia sea legible, sea comprensible para todos, le llevó a manifestar que su verdad podría ser hablada y traducida –ser licteratura– en el contexto de la novela. Derrida recoge, para el caso, en otra conferencia, “Las novelas de Descartes o la economía de las palabras” (1984), una carta al Cardenal Marsenne de 1629 donde declara:

    …sostengo que esta lengua es posible, y que puede hallarse la ciencia de la que depende, por medio de la cual los campesinos podrían juzgar mejor acerca de la verdad de las cosas de lo que hacen ahora los filósofos. Pero no esperéis verla jamás en uso; esto presupone grandes cambios en el orden de las cosas, y sería preciso que el mundo, todo él, no fuese sino un paraíso terrenal, lo que no puede proponerse más que en el país de las novelas (cit. en p. 67).
Es la “nueva lengua” de la literatura. Es una lengua que permite la traslación de una verdad, la “científica” al mundo de la novela, medio por el cual la gente común podría comprenderla y juzgarla mejor. Nótese que Descartes, asimismo, advierte que ello implica el cambio de mentalidad, un cambio en lo que hoy llamaríamos educación –hecho que también alude Snow cuando señala que la brecha entre las dos culturas, la científica y la literaria, debe cerrarse–.

En el contexto anterior, la novela –el país de las novelas– es, de acuerdo a Derrida, el espacio de la imaginación y de la fabulación; su arquitectura permitiría hacer aparecer la esencia de la verdad de manera más atractiva. La finalidad, dice aquél, es que la verdad sea deseable.

El lugar de la ciencia ficción

Es menester reafirmar que hay textos eminentemente científicos, al igual que textos de ficción que tratan de temas científicos. Los textos científicos implican un lenguaje específico, una lengua codificada y artificial que permite la demostración de alguna teoría o el resultado de un problema. En el contexto de su producción, es evidente que su lectura es también especializada, la cual abre la posibilidad de nuevas indagaciones. Se puede decir que el fin es la misma ciencia.

Empero, si se considera una cierta inteligibilidad histórica, en términos de Jonathan Culler –en Breve introducción a la teoría literaria (2000)–, los textos científicos pueden también interrogarse en su dimensión literaria. Esto quiere decir que, aun tratándose de textos especializados, como también sugiere Descartes, podrían ser leídos como novelas.

Por otro lado, hay textos con dimensiones literarias más explícitas que usan expresamente los recursos poético-literarios. Si bien la brecha del cientificismo en el iluminismo hizo que vayan separándose los dominios entre el científico y el literato, no quiere decir que tal brecha haya sido definitiva. Es posible encontrar, por ejemplo, ciertas intervenciones en el contexto del Romanticismo; asimismo, los informes de exploraciones científicas promovidas desde Europa hacia América Latina muchas veces implican narraciones hasta noveladas. Más recientemente hay casos de científicos que escriben novelas a fin de socializar más sus teorías y los logros de sus inquietudes.

Igualmente se debe dar cuenta de cierta literatura que tiene como temática cuestiones científicas. No es la escrita por científicos, pero sí de literatos que, bajo sus investigaciones o acercamientos a fenómenos que suscitan debate desde la ciencia, tratan de elucidarlos mediante argumentos ficticios.

La palabra “divulgación” de la ciencia es, quizá, una las materias que más ha interesado sobre todo a las industrias culturales en cuyo seno han nacido también ciertos escritores que, sin ser científicos, pero sí preocupados por los avances, determinaciones de las ciencias, y en otro contexto, de las tecnologías, han producido obras. El más histórico y sonado es el caso de Julio Verne y el editor Pierre Jules Hetzel.

La divulgación de la ciencia también se la ha conocido en un momento como “vulgarización” de la ciencia. Ambas palabras también suscitan debate en tanto las connotaciones de las que pueden dar cuenta. Es probable que se entienda más el tema de la divulgación como lo entendía antes Descartes respecto a elaborar con lenguaje menos técnico, menos críptico, los relatos científicos, con la intención de llegar a poblaciones más amplias. Igualmente parece que se entiende que la vulgarización de la ciencia es el modo de hacer que la sociedad en general se entere de los progresos de la ciencia, empleando para el caso el lenguaje periodístico. Pues bien, alrededor de ambos términos están dos espacios: los de los literatos y los de los periodistas. Pero habría que recordar que desde los inicios del periodismo hasta que este se fue especializando y profesionalizando, los literatos y los periodistas, así como los científicos y los políticos, en cierta medida eran lo mismo, o practicaban la escritura divulgadora-vulgarizadora de la ciencia.

Esta cuestión nos entronca con el ámbito de la ciencia ficción. En cierto sentido se entiende que ésta tiene que ver con la divulgación de la ciencia. Por lo menos esto es lo que se ha derivado, con cierto facilismo, de la obra –por otro lado, compleja– de Verne y cultores de las aventuras extraordinarias. De hecho, hasta hoy existen escritores natos y científicos que luchan por hacer divulgación de la ciencia, empleado la estética de la ciencia ficción.

Pero habría que señalar que la ciencia ficción moderna no nace como divulgadora de la ciencia. Muchos coinciden que Frankenstein (1818) de Mary Shelley es la primera obra de ciencia ficción moderna, escrita en el contexto del Romanticismo. Shelley no era ni científica ni literata especializada en temas de ciencia; estaba más preocupada, como sus contemporáneos, de las cuestiones ético-morales derivadas del impacto de la ciencia y la tecnología. A partir de este hecho, se podría evidenciar que la ciencia ficción moderna como literatura, si se conecta con la ciencia es por el hecho que interroga o que cuestiona a la ciencia, al mismo tiempo que trata de hallar respuestas a los problemas suscitados por el ejercicio del conocimiento en el contexto del industrialismo y hoy de la sociedad de la información, cuya base es la informática. La ciencia ficción como interrogación es a su vez una indagación especulativa sobre el futuro a donde posiblemente conduce la ciencia y su efecto, la tecnología.

La pregunta por el lugar de la tecnología como efecto de la ciencia es, de cierta manera, el meollo que traspasa una buena parte de la ciencia ficción. Asúa dice más bien que “la percepción de la ciencia y la tecnología como factores ineludibles de nuestra realidad” es lo que define a la ciencia ficción. Percibir el impacto en la realidad de la ciencia y la tecnología supone evidenciar los cambios que suscitan ambas en las sociedades y, desde allá, hacer proyecciones. Pero hacerse la pregunta es más interesante porque no solo permite verificar las mutaciones socio-científico-tecnológicas actuales, sino sobre todo transpolar, hacer hipótesis de problemas nuevos que aparecen justamente por dicho impacto y mutación.

Popper decía que la ciencia nace de problemas prácticos o teóricos; luego supone conjeturas y refutaciones. Pero el componente de imaginación es fundamental para la ideación de nuevas teorías. E imaginación también supone manejo del lenguaje. La ciencia ficción de cierta manera también tiene este trazado: empieza por problemas contemporáneos pero proyectados a otro tiempo, hay conjeturas y refutaciones fantásticas que son vistas como especulaciones y, por fin, producción de nuevos mitos. Es posible que en esta última parte la ciencia ficción tome su autonomía de la ciencia y sea el motivo para que los racionalistas vean con malos ojos la imaginación poética.

Referencias:

Asúa, Miguel de (2004). Ciencia y literatura: un relato histórico. Buenos Aires: Eudeba.

Culler, Jonathan (2000). Breve introducción a la teoría literaria. Barcelona: Crítica.

Derrida, Jacques (2012). “Si ha lugar a traducir I: La filosofía en su lengua nacional (hacia una ‘licteratura en francesco’)”. En El lenguaje y las instituciones filosóficas. Barcelona: Paidós. pp. 29-53.

––––. “Si ha lugar a traducir II: Las novelas de Descartes o la economía de las palabras”. En El lenguaje y las instituciones filosóficas. Barcelona: Paidós. pp. 55-83.

Eagleton, Terry (1998). Una introducción a la teoría literaria. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Heidegger, Martin (1997). La pregunta por la técnica”. En Filosofía, ciencia y técnica.Santiago: Editorial Universitaria. pp. 111-148.

Huxley, Aldous (1964). Literatura y ciencia. Buenos Aires: Sudamericana.

Lakoff, George y Johnson, Mark (2001). Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Cátedra.

Popper, Karl (2005). “La racionalidad de las revoluciones científicas”. En El mito del marco común: en defensa de la ciencia y la racionalidad. Barcelona: Paidós. pp. 17-53.

Snow, Charles P. (1959). “Las dos culturas”. En Las dos culturas. Buenos Aires: Nueva visión. pp. 73-116.

*Fuente: https://cienciaficcionecuador.wordpress.com/2015/01/26/apuntes-sobre-literatura-ciencia-y-ciencia-ficcion/


Catre de fierro: una de kuchus, tragedias familiares y venganzas


Catre de fierro: una de kuchus, tragedias familiares y venganzas
Entrevista a Alison Spedding, 
Por: Martín Zelaya*
A Spedding -que así, con su apellido solamente, firma sus novelas y libros no académicos- le decepcionan la mayoría de los escritores bolivianos de las últimas décadas, pero le encantan dos novelas: La tumba infecunda de René Bascopé Aspiazu y Periférica Blvd, de Adolfo Cárdenas.
A Spedding el cine no le parece un arte “porque requiere de mucho dinero para concretarse, y eso condiciona demasiado”.
A Alison Spedding le apasiona la cosmovisión andina en todas sus categorías y manifestaciones, porque se ajustan a la perfección a la fantasía, la distopía y reformulación de los conceptos clásicos de vida y civilización occidentales, que es lo que en fondo estudia en sus obras antropológicas sociológicas, y explora en sus novelas y relatos.
Si con la “trilogía de Saturnina” -Manuel y Fortunato, El viento de la cordillera y De cuando en cuando Saturnina- exploró en un fantástico aunque verosímil universo futurista, por un lado, y en las variaciones socioculturales que pueden o podrían haberse presentado en el país, reconfigurando por completo su destino, por otro, la autora ahora, en su nueva novela, se enfrasca en una narración muy ambiciosa, de largo aliento y cien por ciento realista, en la que recorre la segunda mitad del siglo XX a través de sus hitos más trascendentales: la revolución del 52 y los cambios sociales que desencadenó, la masiva migración campo-ciudad, el narcotráfico y el neoliberalismo con sus rupturas y consecuencias que aún hoy se viven.
Esto, ojo, lejos de ser una reseña o comentario de Catre de fierro, es simplemente una inferencia tras leer tres capítulos -saltados- de la novela de más de 500 páginas que Plural Editores sacará a fines de este mes; pero también, tras una conversación de algunos minutos con la escritora.
- En El agenciador de kuchus, primer capítulo de Catre de fierro, habla de la “costumbre” de enterrar vivas a personas en los cimientos de los edificios o grandes construcciones. ¿Cuánto de real y cuánto de mito urbano hay en esta práctica?
Siempre he escuchado historias, como la de que un trabajador del Servicio de Caminos desapareció y su familia acusó a empresarios de que lo enterraron en los cimientos de un puente en la carretera a Nor Yungas; o el caso de una persona del altiplano a la que le habrían enterrado en la Autopista y después apareció su mujer a reclamar… Y dice que en el monoblock de la UMSA son cuatro (los sacrificados), aunque nunca se han aclarado estos casos.
Capítulo 1
(El agenciador de kuchus – fragmento)

“Le hemos acomodado contra la pared, se ha quedado roncando. El Matías ha llamado a los ingenieros a ch’allar la mesa con puro, en nombre de su empresa, de los bancos, tirra awicha, achachilas, anchanchus, saxras… Los albañiles también y luego el sereno. Ese sí ch’allaba con afán. Al fin él se iba a quedar allí a dormir todas las noches, ¿no? A mí me había dado lo que quedaba de la retama, para amarrarla en cuatro ramitos con un caito negro. Me ha dicho que prenda dos en sus hombros del borracho y las otras dos, en sus bolsillos. El ingeniero miraba su reloj. El Matías ha hecho tres señales de la cruz al revés, sobre su mesa, lo ha envuelto en el papel y lo ha metido a su pecho del borracho, dentro de su camisa…”.
Pero a las dificultades por el entreverado español de la autora –pese a las casi tres décadas que viven en Bolivia- su buen humor y predisposición, ayudan al éxito de la charla. Poco a poco uno se da cuenta de que en la mente de Alison convergen el inglés, el castellano y el aymara, no sólo a la hora de pensar-hablar en uno u otro idioma, sino fundamentalmente en sus concepciones y lógicas de razonamiento británicas, latinas y andinas.
- ¿Piensa en inglés, en español o en ambos idiomas?
Pienso en los dos idiomas, en diferentes momentos. Para este libro ya fue diferente, pero en la trilogía que lo precede, sobre todo en Manuel y Fortunato, yo emprendí una escritura paralela, en inglés y en castellano… pero después me he dado cuenta de que para hacer eso están los chicanos (estadounidenses de ascendencia mexicana) y me he dicho “quién mierda va a leer en inglés” y he terminado solo en castellano.
- ¿Y qué del aymara?, porque en sus textos se reconoce el dominio de la gramática aymara, y del modo de pensar de los aymaraparlantes, y cómo esto se traduce en su habla en español.
Bueno, eso viene desde El viento de la cordillera (segundo de la trilogía), pero en realidad viene sobre todo de anteriores estudios antropológicos. Una vez un colega me dijo “esto es apropiación”, y yo le dije que no, que más bien es reconstrucción de memoria.
- Volviendo a la novela, cuenta que el título Catre de fierro se le vino a la mente en la cárcel (estuvo presa en los 90). ¿Fue una especie de epifanía con el nombre solamente, o ya tenía en mente el tema y la historia de la novela?
Tenía ya vagamente una idea, pero no exactamente de lo que quería. Las primeras novelas que publiqué hace muchos años en Inglaterra –y un poco las primeras que escribí en castellano- eran de fantasía y se me ocurrió que debía cambiar.
En la “trilogía de Saturnina”, una es histórica, una thriller y otra es ciencia ficción… Y bueno, el caso es que cuando escribía Catre de fierro tenía toda la idea de que era simplemente una saga familiar, y recién cuando la estaba terminando me di cuenta de que en realidad es ante todo una tragedia de venganza.
- ¿Se asemeja entonces a un policial o a una novela negra?

No, no. Es una novela bien realista, una tragedia de venganza, repito, y siempre con algo de fantasía, como en toda historia alternativa. Y es una saga familiar –en realidad de dos familias- que empieza en los años 40 y termina a fines de los 90.
Veamos un extracto que refleja una faceta de la Bolivia aún republicana, cuando –años antes de la revolución nacional- el regía todavía el pongueaje.
Capítulo 3
(Podría decirte lo que realmente pienso – fragmento)
Desde que el niño Alexis entrara al colegio en La Paz, la patrona había decidido que Jorge ya no podía dormir en el mismo cuarto. En La Paz tenía que dormir debajo de las gradas, en la casa de Miraflores; cuando volvían a Saxrani en las vacaciones, tenía que tender unos cueros de oveja en el pasillo de los altos, en el segundo patio. El niño lo llamaba para conversar en cualquier rato, pero llegado el momento de descansar tenía que salir al pasillo, al lado de la puerta siempre, por si acaso el niño lo llamara en la noche. Las tablas de la puerta no eran tan justas, había una rendija por la que se veía si había luz dentro. A veces, el niño se dormía con la luz prendida. No se acostumbraba a trancar la puerta desde dentro. Jorge miraba. Si veía al niño bien dormido, entraba de puntillas y soplaba la vela, para que no se gastara sin motivo. Por eso miraba siempre, todas las noches. La patrona le había ordenado hacerlo.



Spedding y Alison Spedding

- ¿Cómo ha evolucionado como novelista, desde los libros juveniles que publicó en Inglaterra en los 70 hasta ahora?
Esos primeros textos juveniles eran muy largos y densos, con muchas influencias de mis lecturas clásicas. Luego hubo otros (que posteriormente darían génesis a la “trilogía…”) que mis editores rechazaron porque los calificaban como subcultura.
- ¿Cómo es su proceso de escritura, escribe en computadora o a mano?
Escribo primero en papel y lápiz, tengo un montón de cuadernos llenos, y luego lo pasó a la computadora, aunque muchos de los libros todavía los transcribí en máquina de escribir.
-¿Cómo compatibilizan Spedding literata, novelista con Alison Spedding, la académica? ¿Cuál de estas facetas te gusta más?
Yo no entiendo por qué hacen tanto lío con lo académico, para mí es más fácil que la literatura porque finalmente escribes sobre cosas que hay, que han pasado y no tienes que inventar nada.
- ¿Qué es lo que más lee? ¿Cuán al tanto está de la narrativa boliviana actual?
Últimamente leo más por motivos profesionales, académicos. Debo decir que (en literatura boliviana) hay muchos libros decepcionantes, autores de los que se esperaba mucho más.
Una gran novela es La tumba infecunda, de Bascopé Aspiazu, que no sé por qué no es más conocida; Y me gusta mucho Periférica Blvd., de Adolfo Cárdenas; curiosamente ésta última y De cuando en cuando Saturnina se presentaron el mismo año al Premio Nacional de Novela y ninguna ganó, aunque debo decir que son mucho mejores que la ganadora… no sé con qué criterio premian, creo que va más a los intereses editoriales.
- Y de literatura universal, ¿cuáles son sus libros y autores fundamentales?
Dostoievski… me encanta Bajo el volcán, de Malcom Lowry, para mí el mejor libro hecho en y sobre Latinoamérica, aunque sea de un inglés. Y claro, William Gibson, y Ursula Le Guin.
- Qué significa Bolivia, la cosmovisión andina en la expansión de tu universo narrativo (pregunta de Marco Montellano, a la sazón, fotógrafo invitado)
Creo que desde que llegué a Bolivia se me ha acentuado más mi interés y gusto en la fantasía. Yo antes estaba obsesionada por Alejandro Magno y sus aventuras y guerras, y leía todo lo que podía conseguir al respecto. De ahí que hay mucha relación de este universo con el imaginario de Manuel y Fortunato donde hay un trasfondo épico.
- De cuando en cuando Saturnina fue escogida para la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, ¿cómo toma esta noticia?
Es un honor, sobre todo porque en un tiempo muchos me llamaban “gringa renegada”.

Capítulo 9
(La discoteca Bombowasi – fragmento)

Los presos van y vienen, los delitos van y vienen también. Todo eso de la pichicata, por ejemplo. Dicen que con eso nomás ya se llenan las cárceles. Pero el rato que yo estaba en San Pedro, en La Paz, esperando mi juicio, apenas se conocía. Yo estaba en la Cancha. Eran puros rateros, lesiones, estafa, homicidio, asesinos como yo. Y cuando yo estaba fuera, ni el nombre no había. En Suri, en Licoma, vendían su coca a los rescatiris de Quime y listo. Después han hablado diciendo que habían sabido hacer siempre, que había unos gringos en Turculí, la primera vez que había entrado Víctor Paz, por ahí, y un día los gringos se habían ido sin decir nada y debajo de su casa habían encontrado cualquier cantidad de bagazo botado. De eso haigan estado haciendo siempre. Pero yo al menos, ni idea.
La primera vez que he visto siquiera era aquí adentro (…) El alcaide lo ha traído a mi celda después de encerrar al otro al fondo del patio. “Lo vas a tener aquí, no dejes que salga”.
—Que me reconozca algo, pues, para la Mama Rosario.
El tipo seguía borracho. Se cayó sobre mi cama. El alcaide lo ha sacudido.
(…)
—¿No tienes con qué curar el ch’aki? Te puedo pagar siquiera.
—Yo no tomo con paradores.
—No, yo me farreo bien tranquilo, es que me han provocado.
—Bueno. Yo estoy aquí por asesinato, sé matar gente, así que cuidado con provocar…
Con eso se puso bien humilde, hasta que le empezaron a subir los tragos.
—¿Sabes, mano? Estoy llegando del Chapare, por eso tengo plata. Bien se gana en allí.
—¿De peón?
—De pisacoca.

—¿Qué? (…)

*Fuente: Fuente: http://letrasietebolivia.blogspot.com/2015/03/catre-de-fierro-una-de-kuchus-tragedias.html

"LA SENDA DEL KHARISIRI" DE DENNIS MORALES: HISTORIA Y FANTASÍA




Por: Iván Prado Sejas*,
Fuente: La Ramona, Opinión.
Dennis Morales Iriarte esta vez nos presenta su obra "La Senda del Kharisiri: Adela Zamudio y la Guerra del Pacífico", en la cual combina la creación artística literaria y la investigación histórica. Esta forma de hacer novela histórica es todo un reto en un ambiente donde todavía predominan formas caducas de interpretar lo sucedido. Morales, sin temor alguno, propone con su novela una forma distinta de reflejar la historia nacional, y sale de los cánones tradicionales, ingresando en lo subjetivo.

Edmundo O’Gorman, historiador, decía que la obligación de un historiador no es encontrar la verdad en términos absolutos, sino su verdad en términos tan relativos y subjetivos, como cada uno lo entienda. Si esto es así en el campo de la Historia, mucho más ocurre en el área de la Literatura, donde lo relativo y lo subjetivo son los ingredientes de las tramas emergentes. En este contexto, se puede decir que la novela La Senda del Kharisiri, por un lado, corresponde a la narrativa fantástica, desde la perspectiva de lo ficcional, donde aparecen personajes siniestros y de fantasía, y por otro lado, es histórica, porque refleja la vida de personajes que existieron y que hicieron historia en cierto periodo de la republica. En este contexto, en la obra de Morales aparece la combinación de historia, mitología y creación literaria que seguramente atraerá al lector ávido por deleitarse con una historia por demás interesante.

Cuando se empieza a leer La Senda del Kharisiri aparece un portal mágico. Al atravesarlo, uno penetra en una dimensión fantástica y misteriosa. Este portal es el preanuncio de una historia donde los hechos aparecen entretejiéndose de forma maravillosa. La fantasía en este caso no es escapista, el es hilo de unión entre la realidad y la ficción. En el reflejo de la realidad, aparecen hechos históricos de la guerra del Pacífico y se sucede la vida de la conocida personaje Adela Zamudio. En lo ficcional, aparecen ciertos ritos masónicos, misterios ancestrales y mitos. Y en ese ámbito enigmático, aparece el Kharisiri, personaje mítico de los valles y de las montañas andinas, que en las noches rompe con la tranquilidad de los habitantes. En uno de los momentos cruciales emerge también un “objeto maléfico” que perturba la mente y resquebraja la cordura humana.

Dennis Morales se constituye en un escritor osado e inteligente que desgaja los paradigmas clásicos de la narrativa. La Senda del Kharisiri es una obra que seguramente recibirá críticas de toda índole, en un entorno literario o histórico, donde, por una parte, predomina todavía lo caduco, y por otra, emerge un movimiento que valora la renovación en un ámbito creativo. La novela La Senda del Kharisiri de Dennis Morales es todo un reto, puesto que es la “primera piedra que cae en el agua”, y rompe con la tranquilidad de lo establecido.

Referencia bibliográfica:
 -Morales Dennis(2014). La Senda del Kharisiri: Adela Zamudio y la Guerra del Pacífico. Cochabamba: Editorial Kipus.

*Escritor y Presidente del PEN Cochabamba.


Fuente: http://www.opinion.com.bo/opinion/ramona/2015/0111/suplementos.php?id=5233

FABULA VERDE, DE ISABEL MESA, NARRATIVA FANTASTICA PARA NIÑOS




Por Ruben Vargas*

"La nueva novela de Mesa —para niños y niñas a partir de los nueve años es una novela futurista con mensaje ecológico, pero también “un texto con los ingredientes propios de una aventura de acción, con persecuciones, secuestros, mensajes codificados y escapadas peligrosas”.

Según información de los editores nacionales de Mesa, Editorial Gisbert, este año la autora celebrará la venta de 100.000 ejemplares de sus 11 obras anteriores, también dedicadas a lectores niños y jóvenes. “Es, sin duda, una de las autoras bolivianas del género infanto-juvenil que más libros ha vendido en Bolivia”, dice una nota de prensa de esa casa editorial.

Fábula verde impresa en Lima por la editorial internacional Norma está ilustrada por la artista ecuatoriana Sofía Zapata.

En esta novela, al igual que en otras anteriores, la escritora introduce, entretejidas con la trama de aventuras y con los mensajes ecológicos, una serie de narraciones de los pueblos indígenas, permitiendo a sus pequeños lectores, según se lee en la nota de contratapa del libro, conocerlas pero de manera divertida.

Isabel Mesa de Inchauste es autora incluyendo Fábula verde de cuatro novelas, tres libros de cuentos y uno de mitos indígenas. Con La pluma de Miguel: Una aventura en los Andes (1998) obtuvo el premio ENKA de Literatura Infantil de Colombia."

*FUENTE: La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas / La Paz
00:00 / 19 de febrero de 2015

¿Por qué la ciencia ficción es importante?


Por Cristián Londoño Proaño*

A través de los tiempos, las novelas, los relatos y las películas de ciencia ficción han inspirado muchos inventos científicos y tecnológicos. Uno de los pioneros del género, Julio Verne, creó varias máquinas en sus novelas. Él describió el submarino, esa máquina maravillosa de “Veinte mil lenguas de viaje submarino”. En una de sus novelas creó un proyectil sumamente grande que realizó un viaje a la Luna, que inspiró la construcción del Apolo XI y sus misión.  Otro de los precursores del género, G.H Wells fue el primero en hablar de la bomba atómica.  Robert Heinlein, autor de innumerables novelas de ciencias ficción entre ellas “Starship Troopers”  creó el brazo mecánico en su novela “Waldo”.  En una de sus novelas, William Gibson, autor de novelas como Neuromante, inventó una palabra que en su tiempo, los años ochenta, era nueva y poco  común:  ciberespacio. En las novelas de Philp Dick, autor de “Ubik” y que muchas de sus obras han sido adaptadas al cine como “¿Sueñan los androides en ovejas electrónicas?” que  su adaptación cinematográfica fue “Blade Runner”,  plasma en sus novelas  el espíritu de nuestra contemporaneidad, podemos identificar a los grandes monopolios y a los personajes contemporáneos como Julián Assange. George Orwell, autor  importantísimo para la ciencia ficción, en la novela “1984” se anticipa a los programas de televisión como “Gran Hermano”. En la novela “La guía del autoestopista galáctico” de Douglas Adams se habla sobre libros electrónicos.

Actualmente, se estudia en los Estados Unidos el uso de un ascensor espacial, que ya lo imaginó Arthur Clarke. Y varias empresas como “Intellectual Ventures”, empresa dedicada al apoyo y a la compra de patentes de inventos, están llamando a varios escritores de ciencia ficción para conversar sobre sus ideas para que inspiren nuevas tecnologías.

Podemos decir que varios inventos, primero empezaron como una chispa vital en la imaginación de un escritor de ciencia ficción. Es decir, empezaron cuando el escritor colocó su máquina de escribir en la mesa, puso  la hoja en blanco en el carrete y tecleó la primera palabra. No empezaron en una pizarra llena de fórmulas y métodos matemáticos.

La ciencia ficción ha sido uno de los géneros (sería más adeudado decir, registro literario) que mejor se ha adaptado a los tiempos contemporáneos, a su velocidad de avance. Tanto su forma de imaginar las épocas como el sentir de las personas. Ha explorado nuevos caminos, que muchas veces no se han pensado antes.

Es preciso decir que, uno de los valores de la ciencia ficción es idear e imaginar  nuevas tecnologías y  ponerlas en la vida cotidiana. De ese modo se puede intuir como los humanos reaccionarán ante las tecnologías inventadas.

En definitiva, la Ciencia Ficción es importante porque es un acto de imaginación y experimentación, que nos entrega la necesidad de volver realidad una idea que nos hizo soñar y anhelar.

*(Publicado en la revista digital JUS, México D.F., el 7 de agosto de 2014)

Cristián Londoño Proaño. Quito, 1973. Escritor de ciencia ficción, fantasía y poesía. Guionista, productor y realizador audiovisual. Inventó y desarrolló el concepto de la novela de fantasía andina, que se plasma en su trilogía de novelas “El Instinto de la Luz”. Publicó las novelas “Los Improductivos” y “El Instinto de la Luz”. Publicó los poemarios:“Desojare” y “Luna de Solitarios”. Obtuvo los premios: I Bienal de Joven Poesía Ecuatoriana Jorge Carrera Andrade y el primer premio del V Festival al aire libre del Municipio de Guayaquil. Escribió y dirigió las obras de teatro: “Amantes azules” y “Los Cirios Negros”. Escribió, dirigió y produjo varios documentales entre ellos “Jorge Enrique Adoum: elpoeta desenterrado” y “Sábato”. Escribió, dirigió y produjo varias series de documentales literarios y de arte, entre ellas  “La Belleza de Sentir” y “Arte de Sentir”. Sus producciones retratan a los actores del acontecer literario y cultural ecuatoriano de finales del siglo XX e inicio del XXI y reúnen aproximadamente a 66 documentales. http://www.cristianlondonoproano.com/
∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞∞

ENCUENTRO DE CIENCIA FICCIÓN Y LITERATURA FANTASTICA DE BOLIVIA



CONVOCATORIA

PRIMER ENCUENTRO DE CIENCIA FICCIÓN y LITERATURA FANTÁSTICA DE BOLIVIA

Este primer Encuentro de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica de Bolivia está organizado por PEN BOLIVIA y sus filiales de Oruro, Cochabamba y Santa Cruz y de la Cámara del Libro de Santa Cruz de la Sierra.

Fecha: Santa Cruz 5 y 6 de junio de 2015, evento que se realizará en el marco de la FILSC.

Los objetivos de este Encuentro son:

* Promover la reflexión en torno a la relación entre ciencia y ficción literaria.

*Disertar en torno a la filosofía de la ciencia, aprehender los límites de la realidad.

*Difundir la producción boliviana de los géneros mediante conferencias, exhibición y venta de libros de autores del área.

*Promover nuevos estudios sobre la literatura más allá de los géneros tradicionales.


Temario.

TEORÍAS DE LA LITERATURADE CIENCIA FICCIÓN

*Reflexiones acerca de la elección del narrador en los textos fantásticos: estrategias y efectos.

*La ficción prospectiva: propuesta para una delimitación del género de la ciencia ficción

TEORÍAS DE LA LITERATURA FANTÁSTICA

*Lo fantástico como desestabilización de lo real: elementos para una definición.

* Relación entre la literatura de Ciencia Ficción y la literatura Fantástica.

ORIGEN DE LA LITERATURA FANTÁSTICA Y DE CIENCIA FICCIÓN

*De lo fantástico (y neofantástico): sus componentes en la literatura actual boliviana.

* Orígenes de la ciencia ficción y el cuento fantástico en Bolivia.

FANTASÍA, CIENCIA FICCIÓN, IDENTIDAD

*Las otras: escritoras de literatura fantástica.

REGLAMENTO PARA LA PRESENTACIÓN DE TRABAJOS

Ponencias
Podrán participar en el Encuentro, escritores, investigadores, profesores libreros, bibliotecarios,  estudiantes universitarios y personas interesadas. Para el caso de ponentes nacionales y extranjeros, el Encuentro no cubre gastos de alojamiento, transporte o alimentación.

Las propuestas de ponencias deben contener:

Nombre completo:

Dirección/correo electrónico

Título de la ponencia, descripción y bibliografía básica.

Deben ser enviadas antes del 15 de mayo a: penbolivia@yahoo.com

El tiempo estimado de lectura de los trabajos será de 20 minutos. Deben coordinar con anticipación para la dotación de equipo (PC, notebook, proyectora, etc.) con los organizadores.
REf: Biyú Suárez C. (biyu1@hotmail.com) y Angélica Guzmán (mberbetti@cotas.com.bo)

El Encuentro no tiene fines de lucro y el ingreso a todas las presentaciones es libre, y está dentro las actividades programadas en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz 2015.