LAS REMOTAS EDADES, I Antología de Ciencia Ficción Boliviana


La I Antología de Ciencia Ficción Boliviana se presentó con éxito en la Feria Internacional del Libro de La Paz, y ahora en noviembre se presenta en la Feria Internacional del Libro de Cochabamba.

En la nueva narrativa boliviana correspondiente a este nuevo milenio, emergen también corrientes fantásticas, donde los escritores nacionales muestran su talento literario. La antología elaborada por Iván Prado Sejas y Miguel Esquirol Rios traduce el pensamiento fantástico, no sólo universal, sino también del hombre boliviano inmerso en un mundo de transformación continua. La literatura fantástica no es solamente entretenimiento, historias de amor y aventuras, sino también involucra crítica histórica futurista o del pasado remoto, surgimiento de posturas políticas y socioeconómicas, emergencia de sociedades utópicas y distópicas, cristalización o transformación del conocimiento,  análisis filosófico y existencial de la vida, y proyección hacia el Multiverso y sus significados.

Autores reconocidos y consagrados dentro de la literatura boliviana en sus distintos géneros, la mayor parte de ellos con una o varias obras dentro del género de literatura fantástica hacen parte de la antología. Con la colección de cuentos elegidos y que posibilitan viajes intergalácticos, viajes en el tiempo, conocimiento de sociedades distópicas y utópicas, traspaso por portales dimensionales y cibernéticos, y otras aventuras estelares, el lector ingresará en mundos desconocidos, y seguramente saldrá sorprendido y muy gratificado.

LISTA DE CUENTOS Y AUTORES DE LA ANTOLOGÍA

1) REALITY RUNNER, de Edmundo Paz Soldán
2) REGRESO, de Giovanna Rivero
3) LOS EXPERIMENTADORES, de Rodrigo Antezana Patton
4) IGNEO, de Biyú Suarez
5) LA NOCHE DE ALEJANDRO, de Homero Carvalho Oliva
6) EL FIN DE LA FISICA UNIFICADA, de Arturo von Vacano
7) TERRANOVA, de Sisinia Anze
8) EL INTERPLANETARIO DE FUTBOL 2504, de Fanny Escobar Silva 
9) EL ULTIMO WIKIORGASMO DE PEI PEI FRANCELLA, de Miguel Lundin Peredo
10) INTERRUPCION, de Daniel Averanga Montiel
11) LOS RECONSTRUCTORES de Juan Carlos Capra Jemio
12) LIRITH, de Ana Castellanos de Ríos
13) KRYGOR, de Gonzalo Montero Lara
14) MI DICTADOR, de Dennis Morales Iriarte
15) LAS MUJERES MARIPOSA DE BETRIX, de Hugo Murillo Benich
16) EL POEMA LETAL, de Harry Marcus
17) EL DESPERTAR DE LA BELLA DURMIENTE,  de Adolfo Cáceres Romero
18) DESPUES DE LAS BOMBAS, de Gonzalo Lema
19) EVOLUCION, de Fernando Aracena Cejas
20)  LOS SUEÑOS DEL PADRE, de Iván Prado Sejas
21) INDUSTRIAS PATIÑO, de Miguel Esquirol Ríos


Compiladores: Iván Prado Sejas & Miguel Esquirol Rios

JORGE LUIS BORGES: LO FANTÁSTICO Y LA FICCIÓN CIENTÍFICA

Pintura de Bety Alonso

DE: IVÁN RODRIGO MENDIZABAL*

Quisiera abrir un acápite respecto a los planteamientos que Jorge Luis Borges tiene respecto a la ciencia ficción. De hecho, tomando en consideración su pensamiento y trabajo literario –al igual que en el caso de Julio Cortázar–, quiero plantear un debate que además dé cuenta de los aportes de los escritores latinoamericanos en el campo de la ciencia ficción. Habría que partir afirmando que el pensamiento en el continente en relación a este género sigue de modo diferente a la tradición internacional dada.

Para el caso, diré que Jorge Luis Borges es quizá uno de los primeros en introducir una discusión en Latinoamérica sobre el tema de la ciencia ficción. Vale la pena aludir, en este contexto, al estudio de referencia de Carlos Abraham, Borges y la ciencia ficción (2005), donde el filósofo argentino analiza los acercamientos que realiza Borges respecto a este tema.

De acuerdo a Abraham, el interés de Borges sobre la ciencia ficción se ancla en sus lecturas que hiciera de las obras de Julio Verne, H.G. Wells, así como de H.P. Lovecraft, incluidos ciertos autores fantásticos y esotéricos del siglo XIX. Posteriormente le va a llamar la atención escritores norteamericanos como Ray Bradbury y Olaf Stapleton.

Al realizar un recorrido sobre la obra de Borges, Abraham nos dice que hacia 1940, al prologar la novela de Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel, habla de ella como una “imaginación razonada” (p. 31), noción que le parecía oportuna para definir a ese género nuevo el cual ya tenía algún antecedente en Argentina con ciertos cuentos de Leopoldo Lugones en Las fuerzas extrañas (1906), al igual que en relatos de Santiago Dabove. Desde ya tal idea la estaba empleando en sus reseñas literarias cuando se refería a los textos de Verne y de Wells, aunque también, y de modo indistinto, Borges esgrimía otras nociones como “epopeya del porvenir” y “novela de orden profético” (p. 99). Sin duda, todas estas ideas y posibles definiciones pretendían incluso definir mejor a lo que se conocía por entonces en ciertos círculos literarios como “novela científica” y “ficción científica”.

Cabe señalar que la novela científica o la ficción científica fue cultivada en Latinoamérica desde finales del XIX imitando, en cierta medida, las obras de algunos autores europeos, particularmente Wells. En otros casos la ficción científica de comienzos de siglo XX tuvo mucho de la ficción fantástica decimonónica como es el caso de las aventuras extraordinarias de Verne. Los intereses en relación al impacto de la ciencia y la tecnología en dichos trabajos estaban presentes pero pronto algunas de las ficciones no eran tan entusiastas toda vez que prevalecían las preocupaciones más bien de índole político y cultural en el continente.
Si Europa estaba alcanzando la modernidad más rápidamente, en Latinoamérica esto recién se estaba empezando a dar en medio de tremendas disputas de poder que incluso el liberalismo no pudo contener. El problema del retraso industrial, en determinados casos en países del continente ha tenido consecuencias futuras, obligando a que se repiensen procesos, hasta llegar a dictaduras que trataban de alcanzar el progreso a través de la modernización luego de la II Guerra Mundial. En este universo, lo que se hacía respecto a la novela científica fue poco desarrollada e incluso abandonada en muchos países de Latinoamérica. No obstante eso, está claro que sí se leía novela científica y pronto ciencia ficción. Prueba de ello el interés de Borges respecto a los trabajos que se hacían sobre todo en Estados Unidos.

Mientras Borges escribía sobre sus lecturas y planteaba en sus cuentos una cierta aproximación a lo que hoy se entiende como lo fantástico, la denominación “ciencia ficción” fue cada vez más popular en Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX. Cuando algunos autores y editoriales se referían al término “ciencia ficción”, evidentemente tenían en mente a Hugo Gernsback, el fundador de la revista “Amazing Stories” (1929) y su propuesta de nombrar a las obras del género con dicho nombre.

En este marco, Borges pronto tuvo una negativa reacción respecto a dicha concepción. Es así que hacia 1955, cuando escribió el prólogo de Crónicas marcianas de Ray Bradbury, por fin planteó, en una nota aclaratoria, su crítica a tal denominación. En el mencionado prólogo señalaba: “Science-fiction o scientifictiones un monstruo verbal en que se amalgaman el adjetivo scientific y el nombre sustantivo fiction” (p. 8).

Luego de tal reacción, pasados algunos años, Borges postuló fehacientemente, en 1965, la denominación “ficción científica”, acogiendo con entusiasmo el trabajo El hacedor de estrellas (1937) de Olaf Stapleton. Con dicho nombre, recuperado además de la tradición de inicios de siglo, Borges trataba de nombrar las obras de ciencia ficción que, en efecto, estaban poblando con fuerza el mercado argentino, sobre todo con el trabajo de la editorial Minotauro. Así, en el prólogo de Hacedor de estrellas decía Borges que la ficción científica era la evolución de la novela científica clásica y la caracterizaba como una “fábula o fantasía de carácter científico” (p. 8). Se observa, de este modo, que Borges pensaba en la ciencia ficción en conexión con lo fantástico tradicional.

Al mismo tiempo que Borges planteaba este debate, Abraham nos recuerda que el autor de Ficciones (1944), también, hacia la década de 1960, empezó a equiparar ficción científica con la science fiction o ciencia ficción que criticaba. En Introducción a la literatura norteamericana (1967) escrito junto a Esther Zemborain, Borges acoge la definición de Kingsley Amis –tomado de New maps of hell (1960) y traducido luego como El universo de la ciencia ficción (1966)–, la cual dice: “Es un relato en prosa cuyo tema es una situación que no podría presentarse en el mundo que conocemos, pero cuya base es la hipótesis de una innovación de cualquier orden, de origen humano o extraterrestre, en el campo de la ciencia y de la tecnología, o si se quiere, de la pseudociencia o de la pseudotecnología” (p. 121). El propio Borges incluso menciona a Gernsback como el iniciador de la moderna ciencia ficción desde que fundara otra revista, previa a “Amazing Stories”, llamada “Modern Electrics” (1911), donde apareció en forma de folletín su novela Ralph 124C 41+.

Se podría decir que en la definición que recupera Borges se puede encontrar la idea que la ciencia ficción es un tipo de relato realista basado en alguna hipótesis acerca de un fenómeno pero que no se puede dar en el mundo que se conoce sino en uno alternativo y posible; la referencia a la ciencia o a la pseudociencia abre la posibilidad de considerar, en este marco, a obras que pueden involucrar aspectos por ejemplo esotéricos y probablemente los míticos.

Hacia la década de 1980, de acuerdo a Abraham, Borges va a desistir en tratar de acercarse más a una idea de la ciencia ficción que relacione el asunto de la tecnología y la ciencia; por el contrario, la reivindicación en el autor argentino apuntará a dar lugar a la imaginación más que al artificio técnico o científico; en este contexto Borges pensaba ya a la ciencia ficción como “simulacro científico”, la cual tendría una limitación en cuanto trata de privilegiar una explicación de algún procedimiento; por ello retoma la idea que ya estaba presente en su trabajo como escritor: restituir la dimensión de la magia o de la fantasía. Pero vale la pena citar la idea que Borges tiene de la ciencia ficción en ese tiempo, recogida por María Esther Vázquez en su biografía Borges, sus días y su tiempo (1999) y que Abraham recupera en su Borges y la ciencia ficción:
“En las novelas de science-fiction se postula un mecanismo, por ejemplo una máquina para viajar en el tiempo, un tratamiento que haga invisibles a los hombres, etc. Ahora bien, entiendo que el defecto de este procedimiento es que el autor empieza con una idea que tiene todo el aspecto de ser razonable (por ejemplo, que el cuerpo humano pueda hacerse invisible mediante un tratamiento adecuado), pero luego no lo explica, nos dice que lo ha inventado otro, y aquí sentimos una suerte de flaqueza, un desfallecimiento de la invención. En cambio, en el caso de una capa, en la cual un hombre se envuelve para hacerse invisible, tenemos que abandonar nuestra imaginación a ese hecho, que, por lo demás, no ha sido inventado por el autor, sino que pertenece a una tradición de la imaginación humana. En ese sentido, me parece que hay algo más limpio en las ficciones mágicas que en las de simulacro científico, género que tiene algo impuro, un principio de pensamiento, de razonamiento que no se realiza. En cambio, podemos decir que en nuestro tiempo creemos en las posibilidades de la ciencia y creemos mucho menos en las posibilidades de la magia” (p. 112).

Para finalizar debo señalar que es evidente que a Borges no se le puede calificar en sí como un escritor de ciencia ficción, pero sí indicar que muchas de sus obras, cuentos o ensayos ficcionales se han relacionado con la ciencia ficción como método para rearticular el lugar del enigma, de la imaginación o de la hipótesis.

Por ejemplo, en el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” que forma parte de Ficciones, Borges inscribe muchos elementos que bordean a la ciencia ficción; tomando en cuenta a Abraham, señalo que no interesa tanto el descubrimiento de algún planeta, ni los procesos científicos para su develamiento, sino el hallazgo de un grupo de textos que hacen referencia a aquél; así, parece sugerirnos que tras un discurso, incluso anclado en los mitos de origen, hay mundos otros que son imaginarios, con una coherencia y autonomía propias, incluso de valores como la ideología o la determinación social; en otras palabras, en este cuento, como otros que escribió Borges, siguiendo la lógica de algunos de autores de referencia y dando una vuelta a su sentido, se puede postular una arqueología de un posible futuro, una antropología de una supuesta cultura (que puede ser la nuestra y que ha desaparecido en algún futuro), una sociología de un encuentro, una mitología que no tendría nada que ver con el pasado, e inclusive una filosofía del ser atravesado por diversas dimensiones culturales (entre ellas la ciencia y la tecnología).

Fuente: http://cienciaficcionecuador.wordpress.com/2014/09/01/jorge-luis-borges-lo-fantastico-y-la-ficcion-cientifica/

Iván Rodrigo Mendizabal nació en La Paz, Bolivia, y actualmente reside en el Ecuador promoviendo la literatura fantástica ecuatoriana.
Biografía resumida de Iván Fernando Rodrigo Mendizábal: Candidato Doctoral en Literatura Latinoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar - Ecuador. Magíster en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina Simón Bolívar - Ecuador. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Actualmente es Director de Postgrados y de Investigación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Los Hemisferios. Asimismo es profesor invitado del programa de postgrado en Comunicación de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Autor (entre otros) de Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk), Cartografías de la comunicación (2002) y Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004). Referencia tomada de: http://ivanrodrigo.wordpress.com/97/

LO FANTÁSTICO, LO SOCIAL Y LA LIBERTAD EN JULIO CORTAZAR



En su centenario tenemos a un Julio Cortazar vivo en la realidad latinoamericana, y su obra sigue siendo una fuente de inspiración para los jóvenes escritores. Acá tenemos una parte de una entrevista realizada por José Hernandez que muestra la postura de Cortazar frente a la vida, por lo tanto, frente a una literatura fantástica inmersa en lo social. 

La libertad, según Julio Cortázar

Por José Hernández
(Publicado en diario Hoy) 
El lugar de Cortázar. Calle Martel, número 4, piso séptimo, sin ascensor: Julio Cortázar vivía en un apartamento amplio y espacioso con grandes y altos ventanales. Un inmenso salón aparecía apenas abría la puerta. A la izquierda, separada por una  barra de madera, estaba su cocina que no daba muestras de ser muy utilizada. Bajo la barra yacían largas filas de botellas de vino rojo vacías. En medio del salón tenía una pequeña mesa de vidrio, con decenas de pipas, y sillones de cuero. Él usaba el más cercano al ventanal central que desparramaba esa luz parisina que tanto añoraba. La silla baja ponía en evidencia sus largas piernas. Al fondo, al lado de su biblioteca, tenía una colección envidiable de discos de vinilo que él separaba con pedazos de cartón en los cuales anotaba, con marcador, el nombre de músicos o géneros. El jazz era el más  preponderante. Era un melómano irreductible.
En ese departamento me recibió generosamente algunas veces. Esta entrevista, sobre la Libertad, fue la más larga que me concedió y se publicó en una docena de medios de Europa y América. Ahora que  Rayuela cumple 50 años, HOY  reproduce un buen extracto. Se hizo en octubre de 1982, 16 meses antes de su muerte. JH
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¿Cuál es el significado que usted le da a la palabra libertad?
Si el hombre ocupa, por derecho propio, el punto más alto de la escala zoológica en la medida que tiene una conciencia, un sentido social y una memoria (que se ha ido convirtiendo a lo largo de las generaciones en lo que llamamos historia, por un lado, y cultura, por otro) yo diría que es gracias al ejercicio de su libertad.
La noción de lo humano está, en mi opinión, intrínsecamente ligada a la noción de libertad.
Por lo tanto, separar la noción de libertad de la noción del hombre significa destruirlo.
Eso explica el profundo desprecio que los regímenes fascistas o reaccionarios tienen por la libertad. Lo tienen precisamente porque saben que disminuyendo o eliminando las libertades acercan al hombre al tipo de sociedades animales. En un sistema fascista, el hombre no está llamado a discutir sino a obedecer. No está llamado a elegir sino a cumplir una tarea fijada por adelantado. La libertad es para mí, como usted ve, una condición sine qua non de la vida.

¿Cómo caracterizaría usted la evolución de su noción de la libertad hasta sus 20 años?
Hasta mis 20 años y aún mucho después, yo me defendía individualmente. Es decir, sin ninguna conciencia de la dimensión histórica de la libertad.
Luego vino la tentativa de embarcarse hacia Europa con sus amigos…
Todos mis amigos trataron de hacer ese viaje que era más platónico que real. Ahora bien, las verdaderas razones que me llevaban a emprender esas tentativas de viaje eran sobre todo de tipo literario. Entre los 10 y los 20 años me convertí en un lector apasionado e indiscriminado como todo joven.
Comencé a leer en otros idiomas y me fabriqué eso que se llama una cultura que, para mí, era imprescindible en una ciudad como Buenos Aires. La Argentina era un país muy evolucionado pero cuando empecé a pensar en lo que podría ver y encontrar en Europa, Asia o África, sus límites me resultaron demasiado estrechos.
La literatura y más concretamente el sentimiento poético que siempre tuve desde muy niño, me impulsaron a pasar las fronteras para ir a ver lo que era el mundo. Sentí que tenía que ir a ejercitar mi libertad fuera de mi propio país.

¿En qué medida movimientos como el surrealismo contribuyeron a fortalecer esa vocación?
En una gran medida. Me parece bien que mencione el surrealismo aunque hubo muchas otras actitudes y corrientes literarias que me mostraron Los caminos de la libertad para emplear el título que Jean-Paul Sartre dio a su trilogía de novelas. Mucho antes del surrealismo había habitado, en Europa, el movimiento que se llamó El romanticismo. Y sus grandes poetas Chateubriand y Víctor Hugo, en Francia; Byron, Shelley y Keats, en Inglaterra, fueron, cada uno a su manera, apóstoles de la libertad. Las grandes figuras del romanticismo fueron libertarios y anarquistas sin darle a la palabra el sentido que tomó después de la doctrina de Bakunin.
El romanticismo reivindicó que el hombre como individuo, tenía el derecho y la obligación de abrirse al máximo. Incitándolo a tener la máxima porosidad frente a todo lo que la vida podía darle. A la influencia extraordinaria del romanticismo, quisiera agregar la de Julio Verne. Todos los niños de mi generación leíamos apasionadamente a Julio Verne. Cosa que no sucede hoy porque los niños encuentran muy primario el mundo científico del escritor francés. Pero piense que le hablo de una época que se extiende entre 1894 y 1934. Julio Verne era perfectamente contemporáneo en ese momento.
Sus héroes son también un símbolo de libertad. Porque son los grandes viajeros, los grandes aventureros; los que van a la luna, le dan la vuelta al mundo en 80 días, y hacen las cinco semanas en globo. Los héroes de Verne exploran, descubren, y avanzan en el conocimiento.
Me veo siempre a los 9 o 10 años marcando en un atlas el itinerario de los protagonistas a través de los países donde les sucedían sus aventuras. Recuerdo a los hijos del capitán Grant que van, inclusive, hasta la Argentina y visitan la Patagonia. Ante el mundo de Julio Verne yo me decía que era inconcebible permanecer siempre en ese suburbio de Buenos Aires.

¿Volveremos al surrealismo?
El surrealismo fue una gran lección de libertad en el plano de la literatura. No ya de la vida. Aunque vida y literatura son la misma cosa. El surrealismo fue una tentativa de sacar todas las etiquetas, las categorías, las ideas recibidas y los lugares comunes de la tradición cultural y reemplazarlos por una visión nueva. Una visión casi pre-adánica: una visión primordial de la vida en toda su belleza, en toda su virginidad, en toda su pureza.
La lección de la poesía surrealista se sumó entonces a las experiencias que había estado absorbiendo y todo eso hizo de mí el individuo que soy.
Como  escritor usted ha mostrado su entera libertad. ¿Cómo estableció, en un comienzo, esa relación entre escritura y libertad?
Desde muy joven me di cuenta de que entre la gente que me rodeaba había dos corrientes muy definidas.
Por un lado, estaba los que yo llamaría la línea tradicional. Es decir, los jóvenes que después de haber leído mucho y haber elegido, de manera consciente o no, ciertos modelos, comenzaban a escribir sin abandonar el camino que la tradición les señalaba.  Borges comenzaba a asumir una dimensión muy importante entre los jóvenes argentinos, y muchos de ellos lo imitaban pasivamente.
La segunda corriente, que yo acepté automáticamente, era mucho más libre. Se trataba de recibir la tradición cultural y elegir influencias, pero de ninguna manera seguir caminos trazados previamente. Ni siquiera para modificarlos.

¿Hasta ahí no había seguido los movimientos sociales y la situación política internacional?
Sí, pero con un interés que no iba más allá de la lectura de los periódicos. Desde Buenos Aires, había seguido todo el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y, como usted se imagina, estuve siempre de parte de los aliados. Pero sin mover un solo dedo.
Yo había elegido un punto de vista que me parecía verdadero y lo proclamaba donde podía a mis amigos, pero nunca se me había ocurrido que los hombres tienen también posibilidades de acción más directa.
Cuando conocí la derrota de la tiranía de Batista, sentí que ya no bastaba con simpatizar y apoyar teóricamente a Cuba. Por primera vez quise estar presente, y pude hacerlo, menos de dos años después de la revolución.
El espectáculo de ese pueblo que en medio de dificultades espantosas, carestías, amenazas y bloqueos luchaba desesperadamente para imponer su ideal de libertad y de soberanía, sirvió de catalizador.
En Cuba, bruscamente, descubrí mi condición de latinoamericano. En Cuba sentí que mi libertad no la podía guardar egoísta o estéticamente sino que debía unirla a la lucha por la libertad de todo un pueblo.
A partir de ese momento, mi noción de libertad se enriqueció. Dejó de ser una noción teórica y egoísta para convertirse en una vivencia, en una necesidad vital de cada día.
Por ello he sostenido otras causas de la libertad, y ahora hago lo que puedo por apoyar a Nicaragua, El Salvador, Argentina, Chile… Todo esto dentro de límites que, a veces me parecen ridículos. ¿Qué puede hacer, en efecto, un intelectual frente a la fuerza bruta y a la opresión desatada?
Estoy convencido, sin embargo, de que nuestras posiciones tienen un valor. Quizás a largo plazo. Todo está en no callar, en no resignarse.

¿De qué manera el marxismo contribuyó a ampliar su noción de la libertad?
Yo entré en la dialéctica marxista sin especializarme, pues leí la literatura de Marx sin ningún método. El marxismo me sirvió para comprender mejor la lucha de clases y la opresión basada en las desigualdades sociales.
Posteriormente, fui conociendo las aplicaciones del marxismo en la Unión Soviética, en otros países e inclusive en Cuba, tratando de ver en qué medida el esquema marxista funcionaba y en qué medida había que revisarlo, ajustarlo y ponerlo al día.
Es evidente que si Marx escribiera El Capital en 1982, tendría que modificar muchísimos criterios. Las estructuras sociales, por ejemplo, han cambiado con las guerras mundiales y con las evoluciones e involuciones a lo largo de los años. De manera muy general sigo creyendo que el socialismo -por invalidar el fin mismo del capitalismo- es la idea más evolucionada que ha tenido la humanidad desde el punto de vista social.
El futuro, si llegamos a tener uno, tendrá que ser socialista.

¿La escritura le permitió escapar a lo que usted había denominado el “enfrentamiento y la frustración” entre el individuo y la sociedad?
No. Al contrario. La escritura me fue llevando como un pequeño protagonista, inclusive, a ese enfrentamiento. Al principio me había escapado, pues, como ya le expliqué, me mantenía completamente al margen de ese tipo de conflictos. A medida que avanzaba en la vida y en la literatura, y mientras mi propia escritura me llevaba por nuevos caminos, sentí que me acercaba cada vez más a un tipo de situaciones, de relatos, de novelas y cuentos donde esos afrontamientos eran no sólo visibles sino cada vez más palpables. El punto más extremo que he alcanzado en ese camino es la novela que se llama  Libro de Manuel, en donde la incidencia de la literatura y de la historia se buscan y se provocan en cada página.

¿Cómo siente usted su libertad frente a las sociedades actuales cuyas poblaciones, en su mayor parte, viven lejos de opciones de real libertad?
Están naciendo los neofascismos y los neo-nazismos. América Latina cuenta con sus exponentes más ilustres en países como Chile, Uruguay y Argentina. Eso es una situación que yo como hombre y escritor vivo diariamente de una manera dramática y, en algunos casos, patética. Siento que la libertad y las libertades están cada vez más amenazadas.

¿Pesimista?
En absoluto. Y me agrada decirlo porque creo que si lo fuera, la vida no tendría sentido. Sobrevivir a lo que me muestra el periódico todas las mañanas es, de por sí, una prueba de optimismo. Estoy convencido de que esos vaivenes se han repetido pendularmente a lo largo de la historia.
El mundo antiguo conoció el fascismo de los romanos y el nazismo de los asirios -yo los calificaría así por sus puntos de vista- pero vio nacer, igualmente, movimientos de liberación en los que los pueblos buscaron otros caminos de libertad.

Usted ha fustigado, con frecuencia, los “mandarines del Occidente ” y abogado por una suerte de humanismo socialista. ¿De qué tipo?
No estoy en contra de la noción misma del humanismo tal como se entendió, por ejemplo, durante el renacimiento italiano. Pero hay un humanismo conectado con las corrientes li berales y eclécticas de pensamiento que es, en realidad, un escapismo. A fuerza de querer defender la justicia, la libertad y los Derechos Humanos en un plano teórico, no defiende absolutamente nada.
El humanismo socialista ha optado, en cambio, por una visión de la sociedad, un camino evolutivo positivo de la humanidad y la defensa celosa de la libertad. Yo he criticado las formas de socialismo donde eso comienza a faltar, donde se comienza a notar que ciertas fuerzas de poder, ciertas consignas y obligaciones se vuelven más fuertes que los valores humanos.
Cuando en la Unión Soviética se persigue a escritores, músicos, filósofos por el hecho de criticar aspectos de su sociedad, eso ya no tiene absolutamente nada de socialismo ni de humanismo. Eso es una simple repetición, en el campo de lo que, grosso modo, llamamos la izquierda, de procedimientos típicos de la derecha.
En todo proceso hay momentos de avance y de retroceso. Cuando el retroceso se llama José Stalin, es un momento absolutamente siniestro. Si a esa etapa sucede otra más positiva en la que nuevamente se busca una construcción socialista, lo que cuenta es que, contrariamente a los Estados Unidos en Vietnam, es la idea socialista lo que se está defendiendo. En ese caso, mi elección está hecha y no cambiaré jamás. Su pregunta, en todo caso, me preocupa y me atormenta. Ojalá pudiera yo encontrar una solución.
Recuerdo que hace algunos años, Juan Goytisolo me tiró todo por la cabeza después de que yo hice una declaración en ese sentido. El ponía Checoslovaquia y Vietnam en el mismo nivel. Y ese es el criterio habitual en el humanismo liberal, que, en el caso de Goytisolo y quienes piensan como él, desemboca en una ineficacia total en el plano de la acción que pueden ejercer los intelectuales en la realidad histórica. Ese humanismo abstracto, de puro principio, no ayuda ni al capitalismo, que no le hace caso, ni al socialismo que busca combatir con sus declaraciones.

¿Según qué criterios se podría afirmar que Julio Cortázar es un hombre libre?
Yo no le daré ninguna fórmula. Le voy a dar un sentimiento, una intuición que he tenido a lo largo de mi vida, y es que asimilo la noción de libertad a la noción de felicidad. Toda pérdida de libertad es una sujeción y, por lo tanto, una pérdida de posibilidades vitales y una disminución de la felicidad.
Entiendo por hombre feliz aquel que puede realizarse en los múltiples planos que él mismo elige: la música, el amor, el boxeo… Ninguna realización personal puede darse sin un verdadero clima de libertad. Si esas posibilidades están frenadas, cortadas o suspendidas por razones de tipo ideológico o de opresión económica -o cualquier otra forma de sujeción- la felicidad desaparece.

¿No hay una clara contradicción entre esa vocación a la felicidad y la angustia que usted comprueba cada mañana leyendo los periódicos?
La felicidad está lejos de ser un estado permanente cuando se tiene una inteligencia y una moral. Mi felicidad personal está permanentemente amenazada y destruida y no solo por la lectura de los periódicos.
Pero eso no me quita la disponibilidad para la felicidad. Apenas disminuida o eliminada, vuelvo naturalmente, como un péndulo, en busca de ella. Ese es el límite para el cual la libertad es absolutamente imprescindible.

Fuente: http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/la-libertad-segun-julio-cortazar-594139.html

Pedro Albornoz gana el Premio Franz Tamayo



"Con un relato fantástico Pedro Albornoz gana el Premio Franz Tamayo"

La Paz | Giannina Machiado, Los Tiempos, Tragaluz
El jurado  del  XLI Concurso Municipal  de Literatura Franz Tamayo dio a conocer su fallo la tarde  del pasado  martes. Desde la Oficialía Mayor de Culturas de La Paz, se informó que el ganador  del concurso es el escritor cochabambino Pedro Albornoz Camacho, cuya obra, “El otro Muro”, sobresalió de entre los 76 trabajos presentados.

Según el jurado, su obra “maneja varios niveles, construye un mundo ficticio sólido y tiene un manejo de lenguaje coherente”.

El ganador obtendrá un premio de 20  mil bolivianos, un  diploma de honor y la publicación de su obra. Albornoz, de 43 años, es licenciado  en Comunicación Social y Periodismo por la Univalle, además tiene una maestría  de la Universitat de Barcelona en Educación Superior. El también fotógrafo habló con La Prensa sobre sus intereses y su obra ganadora.

¿Cómo  se siente al ganar el  Franz Tamayo?
Algo estresado  porque hoy (ayer) es el cumpleaños de  mi  madre y estoy organizando todo.  Desde el menú: cocino picante de lengua atómico con arroz de co-co; hasta los cócteles: cupuazú, vodka, vodka y más vodka... Muy peligrosa la mezcla.
¿Cuál fue  su primera impresión al saber que ganó?
La verdad, no  me  acordaba de que había postulado al concurso este año porque estaba  muy ocupado organizando el  cumpleaños de mi madre, por  eso, cuando me dijiste por teléfono que suponías que ya me habían avisado del premio, tardé un buen  rato en reaccionar.
¿A qué se debe el título?
El título tiene que ver con un concepto que extraje de la dramaturgia –el del cuarto muro  invisible que existe entre el espectador  y el microcosmos representado en el escenario–  que también se aplica en la narrativa y de los peligros que se conjuran cuando este límite es violado.
¿De qué género es la obra?
Es narrativa fantástica.  No tiene espadas ni dragones ni hadas. Trata de los peligros inherentes en la creación tanto para la criatura como para el creador.
¿Está basada en algún personaje o situación real?
Hallo que es imposible escribir algo que no se fundamente en personas o situaciones reales, así que debo decir que sí. Uno de los elementos centrales del cuento es la creación literaria como proceso cosmogónico, un evento de ordenación y transmutación de caos a orden y de vuelta a caos.
¿Cómo fue el  proceso creativo?
El proceso creativo fue bastante bizarro. Un día le dije a mi mejor amigo que escribiría un cuento y que no me levantaría de cama hasta   terminarlo.  Entonces él se quedó a mi lado y no  permitió que me levantase  sino hasta escribir la última palabra,   lo cual  fue lo mejor  que  me  pudo pasar porque, a medida que  me voy acercando a los puntos más importantes de un texto mío, mi inconsciente me comienza a pinchar y meterme compulsiones absurdas:  barrer,  cocinar,  preparar  jarras  y jarras  de  piña  colada. Fueron  tres días mágicos  y el cuento  es tan suyo como mío.

Otros premiados
“Todo lo que soy será tuyo” de Guillermo Ruiz Plaza obtuvo el segundo premio consistente en Bs 10 mil. De acuerdo a las bases del certamen Ruiz formará parte de la antología junto a las menciones que recayeron en las siguientes personas:  Luis Fernando Sánchez Guzmán con la obra “¿Les estás viendo?”, Gabriel Alejandro Iriarte Rico por “Purgatorio”, Liliana Carrillo Valenzuela, autora de “Los perros del desaguadero”, Lucio Polevoi Torrico Díaz por  la obra “Razones”, Lourdes Betsy Reynaga Agrada por el cuento “Extraños en un tren” y también la obra de Daniel Averanga Montiel.

Fuente: http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/tragaluz/20140731/pedro-albornoz-gana-el-concurso-franz-tamayo_268499_588984.html

"LAS REMOTAS EDADES", vista por Homero Carvalho Oliva


Por: Homero Carvalho Oliva

Las antologías se constituyen en un extraordinario muestrario de lo que se está escribiendo en una determinada época y lugar. En Bolivia, en los últimos años se han venido recopilando varias de ellas con distintos registros temáticos, géneros y/o espacios geográficos. Uno de los más activos antologadores bolivianos es, sin duda alguna, el escritor Iván Prado Sejas, que ya ha colaborado con Gonzalo Montero en la antología Imposibilidades posibles;  y con Daniel Averanga y Guillermo Ruiz en la Antología del cuento fantástico en Bolivia. Hace unos días, en Cochabamba, con motivo del octavo Encuentro Iberoamericanos de escritores, al cual fui invitado, me entregó el libro Las edades remotas, primera antología de la ciencia ficción boliviana, que recopiló junto a Miguel Esquirol Ríos. Tanto Prado como Esquirol son escritores que cultivan la ciencia ficción y poseen un gran conocimiento sobre el tema.

Se trata de una antología que ya tenían preparada desde hace algunos años y esperaban el momento oportuno para lanzarla al ruedo de los lectores, ocasión que tendrá lugar en la Feria Internacional del Libro de La Paz. Además de la selección de autores, que van desde los más jóvenes hasta consagrados, me llamó la atención la rigurosidad con la que ambos compiladores trabajaron el prólogo, lo hicieron de manera generosa y sin mezquindad alguna, haciendo un minucioso recuento de los textos nacionales que pueden ser clasificados en este género. Empiezan por identificar un relato de Óscar Alfaro, Don Quijote en el siglo XX, como el primero donde se utilizan los recursos que caracterizan a la ciencia ficción, texto en el que ese noble y loco caballero realiza un viaje al futuro. Siguen con autores como Ernesto Camacho, Armando Montenegro, Ramiro Condarco Morales y Fernando Diez de Media que publicaron en la segunda mitad del siglo XX y otros en la primera década del XXI, en una trabajada introducción que se nos presenta como un breve ensayo de las tendencias de la ciencia ficción boliviana.

Las antologías también se constituyen en un canon de la literatura nacional. En este caso muestran a 21 autores que se desplazan con mucha idoneidad en el género, con cuentos que pertenecen a Adolfo Cáceres Romero, Giovanna Rivero, Edmundo Paz Soldán, Rodrigo Antezana Patton, Arturo Von Vacano, Sisinia Anze, Fanny Escobar, Miguel Lundin, Daniel Averanga, Juan Carlos Capra, Ada Castellanos, Gonzalo Montero, Dennis Morales, Hugo Murillo, Harry Marcus, Gonzalo Lema, Fernando Aracena, Iván Prado, Miguel Esquirol y Homero Carvalho.

Los antologadores señalan que Las remotas edades “es una compilación de cuentos de escritores cuyo pensamiento creativo se proyecta al relato sobre mundos, civilizaciones, sociedades, grupos e individuos que viven situaciones fantásticas que horadan el multiverso a través de portales dimensionales, túneles dentro del hiperespacio, túneles a través del tiempo para viajar al futuro o al pasado y de proyecciones utópicas y distópicas”.

Fuente: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/remotas-edades_0_2090190994.html

Edmundo Paz Soldán: “La ciencia ficción será un nuevo realismo”



Por: Iñigo López Palacios- El País
Fuente: http://www.literatura.edu.bo/index.php/estructura-administrativa/articulos/228-edmundo-paz-soldan-la-ciencia-ficcion-sera-un-nuevo-realismo.html


Ve claras Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, 1967) las similitudes entre Iris (Alfaguara), su nueva novela, y Dune, el clásico de la ciencia ficción lisérgica escrito por Frank Herbert en 1965. “Leí Dune hace dos años por consejo de unos amigos y noté las coincidencias, pero Iris estaba muy avanzado, ya no había vuelta atrás”, dice el escritor boliviano en un hotel de Madrid.

Viene de Estados Unidos, donde reside hace 20 años y es profesor en Cornell. “Cuando se construyó la universidad se eligió Ithaca, al norte de Nueva York, porque es un lugar ‘centralmente aislado’. Se idealizó como un refugio del conocimiento. Casi un monasterio medieval. Los inviernos son largos, pesados, fríos... pero es un gran lugar para escribir”.

Allí creó Iris , un territorio futuro, ocupado por un corrupto sistema en el que poder, religión y comercio son una misma cosa. “Se desarrolla en un mundo arrrasado, como Dune, pero creo que la mayor similitud es formal, el uso de un lenguaje propio”. Los personajes de la novela, hablan, como en la de Herbert, una jerga propia. “Usé spanglish y lenguaje de los emoticonos. Pero en general es un ejercicio estético en el que hay hasta chino españolizado. Hay cosas del quechua que se usaba en las minas de Bolivia y términos del holandés o del alemán”.

Sin embargo renuncia a incluir un glosario, algo que sí hacía Dune. “Lo que menos me gusta del género son las parrafadas didácticas. Una de las intuiciones que me acompañaron fue que no era necesario que el lector lo entendiera todo desde el principio. Esta novela tiene que funcionar de una manera muy visceral, por ósmosis. No es necesario que se entiendan del todo los términos o los movimientos geopolíticos. Aunque espero que a la larga funcione”.

La mayor diferencia es el prisma. Los protagonistas de Dune son las clases dirigentes y en Iris, los narradores, (cada una de las cinco partes de la novela tiene uno), están con los que matan o con los que mueren. Iris da voz a la carne de cañón. “La referencia inicial fue un reportaje con la historia de unos soldados estadounidenses en Afganistán, que terminaron ante una corte marcial. Me pareció fascinante meterme en la cabeza de estos adolescentes. Unos eran psicópatas de nacimiento, otros lo fueron por la presión. Pronto me di cuenta que una versión realista era imposible”.

Esta necesidad fue lo que motivó que por primera vez en su larga carrera, —desde 1992 ha publicado casi una docena de novelas, además de ensayos y relatos cortos—, entrase en la literatura de género. “Sorprendentemente los editores reaccionaron bien. Yo tenía más prejuicios. La presenté como una novela que dialoga con la ciencia ficción. Cuando lo leyeron, contestaron: “esto no dialoga, esto es género puro y duro”. Incluso había hecho una versión más suavizada, la final es más osada”.

Dentro del actual renacer de la literatura de género, Paz Soldán opina que la ciencia ficción puede quitarle el trono a la novela negra. “Estoy seguro, la ciencia ficción va a ser un nuevo realismo. Más allá del registro visionario me interesa como alegoría de la realidad. Es un género existencial que se presta a narrar la relación del individuo con el universo. Es metafísico en origen y se pregunta sobre las razones del cosmos. Mirando a las estrellas te sitúa sobre la Tierra”

Una saga fantástica de Anita Triveño para los jóvenes




Canciones del corazón mojado

Dennis Morales, escritor

Entre todas las historias que uno puede encontrar en el acervo literario nacional, no podría existir una visión más pura y fresca de la realidad como creemos conocerla en Bolivia, sino es a través de los ojos de los jóvenes protagonistas de una fábula moderna, muy sensible a todos los problemas de la actualidad. El primer volumen de la trilogía “El devorador de almas” de Ana Triveño Gutiérrez, demuestra una vez más la enorme capacidad de la autora por asombrarnos con un acopio de temas impecables, situaciones muy verosímiles y una visión geográfica de primera mano de la sociedad cochabambina, junto con sus calles y avenidas en vívida descripción.
Las “Canciones del corazón mojado” son las expresiones de todos nuestros anhelos de juventud, frente a la dureza de situaciones que aparecen en nuestras vidas para demostrar la imperiosa necesidad de crecer, de dejar de ser unos chiquillos, y de enfrentar todos los retos como individuos responsables. Pero la nobleza del corazón y el incalculable valor de la amistad, son los atributos que deberían perdurar más en todos nosotros, sin importar nuestra edad o dónde nos encontremos, y eso es lo que esta novela nos enseña a cada vuelta de página.
Y para dar un giro excepcional a la trama, se ven mezcladas las inquietudes más atávicas de la pisque humana, entre ellas el temor a lo desconocido, en enfrentar a la más temible de las preocupaciones mortales, cuando se trata de nuestra alma inmortal. No todos los días la Tierra, ni mucho menos nuestra hermosa ciudad, son visitados por entidades supernaturales que tratan de arrebatarnos nuestra más valiosa posesión, la que muchas veces ignoramos sino hasta el último de nuestros momentos.
Esta primera parte de la trilogía logra mantenernos en un suspenso agradable gracias a un estilo narrativo genial y pulcro, convirtiéndonos en partícipes secretos en una historia de rápidos descubrimientos, situaciones deliciosas y nuevas perspectivas difíciles de imaginar, haciéndonos cómplices de tantas sensaciones que a fin de cuentas no podemos ignorar. La autora ha creado un mundo maravilloso alrededor de nosotros, en el que apenas nos hemos sumergido, y del que esperamos un “continuará” que nos sabrá satisfacer con otro éxito literario como sólo ella puede.


Biografía
Nació el 11 de septiembre de 1991. Bachiller del colegio “Santa Ana”  el 2009, graduada del Centro Boliviano Americano con el grado High Intermediate. Estudió Comunicación Social en la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”, concluyendo la carrera el 2014.
En cuanto a su carrera literaria, publicó su primera obra, La Luna de Apolo el 2009. El 2010 editó mi segunda novela, Cazador de Sombras. Posteriormente, publicó La Muerte quiere Morir el 2011. Sibelle para Benjamín es su cuarta obra, publicada el 2012. Luego de una breve interrupción por sus estudios, este año (2014) retoma sus publicaciones con su nueva novela Canciones del Corazón Mojado, que será parte de su futura trilogía El Devorador de Almas.
Ha participado con cuentos en la antología del cuento maravilloso De posibilidades imposibles y de la antología Basta.