Edmundo Paz Soldán: "Me interesa mucho explorar la espiritualidad"




Mónica Oblitas, Oh, Los Tiempos

Edmundo Paz Soldán no recuerda que nadie lo haya obligado a convertirse en lector, y de ahí, por esos reveses que tiene la vida, luego en escritor. La literatura no se obliga, dice, pero quiere estar seguro de que sus hijos tengan a la mano, como él, una biblioteca bien surtida, para que el camino para el buen leer no les sea difícil y más bien se convierta en una pasión como la que tiene su padre, uno de los escritores más prolíficos y reconocidos de la literatura nacional. Sobre su próximo libro hablamos en esta entrevista.

OH! Empecemos por lo primordial, ¿cómo es el proceso creativo de Edmundo Paz Soldán?
Un poco caótico pero ya me he acostumbrado. Todos los días, al leer un libro, escuchar las noticias, charlar con alguien, digo al menos cinco veces: “ahí hay material para un cuento o una novela”. Veo el potencial, pero eso no es suficiente. Ese potencial se tiene que convertir en obsesión. Pasan las semanas y los meses, y de pronto, entre todas esas historias que peleaban entre ellas, surge una que se impone a las demás. Ahí comienza la escritura misma, pero el proceso se ha iniciado mucho antes.

OH! ¿Cuándo, cómo y por qué te inspiras y lo más importante, cómo haces para que esa inspiración se traduzca en una historia con principio y final?
Todo puede ser fuente de inspiración, el asunto es tener las antenas conectadas todo el tiempo. Traducir esa inspiración generalmente parte de una imagen, de una situación; para alimentar la inspiración, si tengo un tema de, digamos, una novela política, siempre pienso que hay modelos muy buenos en la literatura, el cine, la televisión, de modo que me pongo a leer novelas políticas para ver cómo lo han hecho otros antes que yo (un ejemplo: para escribir Palacio Quemado leí El conformista, de Moravia). Voy apropiándome de cosas de aquí y de allá, a las que añado mi forma personal de ver las cosas, de entender la escritura.

OH! ¿Quiénes son tus referentes?
Están los de siempre, los que descubrí en la adolescencia, que son Borges, Vargas Llosa, Kafka. Y luego están los que me sirven para proyectos específicos. En el último libro de cuentos, Las visiones (que saldrá este abril en una coedición entre la editorial española Páginas de Espuma y Nuevo Milenio), los referentes fundamentales fueron Guimarães Rosa, Rulfo, Cortázar, y algunos autores de ciencia ficción como James Tiptree Jr. y Theodore Sturgeon.

OH! ¿Recuerdas cuál fue el primer libro que te impactó y por qué?
Las novelas de Salgari sobre el pirata Morgan, a los diez años. Fue la primera vez que me fascinó un personaje, quería leer todos sus libros.

OH! ¿Cómo ha cambiado tu vida ser escritor?
No sé si podría responder bien a esa pregunta, porque me siento escritor desde finales de la adolescencia. Lo que sí te puedo decir es que ser escritor es una combinación de vida sedentaria con aventura. Necesitas estar mucho tiempo solo para escribir, pero luego tienes que viajar para informarte, y están los congresos, las ferias del libro, etc. De niño yo pensaba que los escritores vivían todo el tiempo en su escritorio, al lado de su biblioteca, y eso solo es parte de la verdad.

OH! ¿De qué no puedes prescindir en tu momento creativo?
De escribir muchas versiones hasta dar con la clave. Y de lectores críticos del manuscrito, que, cuando todavía no tengo mucha distancia del texto, sean capaces de señalar los problemas y ayudarme a encontrar el camino.

OH! ¿Qué estás leyendo ahora y cómo, en este mundo digital, vas a hacer que tus hijos sean lectores?
Estoy leyendo los cuentos del francés Marcel Schwob, un autor de fines del siglo XIX muy admirado por Borges y Bolaño. En cuanto a mis hijos, lo mejor que puedo hacer es recordar que llegué a la literatura por mi cuenta, sin que nadie me obligue; eso sí, tenía en casa una buena biblioteca. Así que prefiero no obligarles a nada, dejar que ellos encuentren su camino como lectores, pero hacerles ver que la literatura, que los libros, son parte fundamental de la vida de una persona.

OH! ¿Prefieres la tablet o un libro en papel? ¿Por qué?
En papel, por una cuestión de textura, de fetichismo. El libro físico también se me impone más; en la tablet me olvido que tengo manuscritos esperándome. Pero es buena sobre todo para leer los manuscritos de los amigos.

OH! Hablemos de tu próximo libro, las reseñas dicen que estará inspirado en Iris. ¿Es decir que estamos hablando de cuentos de ciencia ficción?
No es ciencia ficción pura y dura. Está mezclada con literatura fantástica, con el género de horror, e incluso con cierto realismo de autores como Rulfo y Guimarães Rosa, muy interesados en narrar la relación entre distintas culturas.

OH! ¿Por qué has elegido este género ahora?
Desde que descubrí a Borges que me interesa la literatura fantástica. Solo que me costó encontrar una forma propia de acercarme al género. Durante mucho tiempo fui un escritor más bien realista, hasta que sentí que eso me limitaba, que había cosas que solo podía narrar trascendiendo el realismo clásico.

OH! ¿Qué has tenido que aprender para este libro?
Me interesaba mucho explorar la espiritualidad de los personas, su relación de vulnerabilidad, de fragilidad con el mundo, sus preguntas acerca de su lugar en el universo. Y eso no se me dio con tanta facilidad porque el tema de lo espiritual no aparecía en libros anteriores (excepto Iris).

OH! ¿Crees que podrías tener la misma inspiración, el mismo talento y la misma forma de crear si vivieras en Bolivia?
Bolivia es una gran fuente de inspiración para mí, pero necesito tener distancia para procesar esas fuentes. Si viviera en Bolivia cambiaría esa distancia, mi relación con el material, así que saldría algo diferente seguro.

OH! ¿Cómo ves el desarrollo de la literatura boliviana?
Estamos atravesando un gran momento, con varios autores con proyectos ambiciosos, con voces muy originales. Nos falta todavía más infraestructura, el apoyo del Estado y la empresa privada, darnos cuenta que la literatura es una red en la que participan no solo los autores sino los lectores, los editores, los libreros, etc. Hay que apuntalar esa red para que los textos excelentes que están saliendo ahora se difundan como se merecen.

OH! ¿La literatura depende de su entorno?
Claro que sí. La literatura es un diálogo constante entre lo universal y lo particular, entre lo esencial y lo contingente. No vivimos en el mundo de las esencias; dependemos mucho de todo eso que está a nuestro alrededor y que configura una manera de entender la literatura.  

Fuente: http://www.lostiempos.com/oh/entrevista/entrevista/20160123/edmundo-paz-sold%C3%A1n-%E2%80%9Cme-interesa-mucho-explorar-la_330628_734813.html

LAS MUJERES EN LA CIENCIA FICCION




Por Tomás Rivera*

Cuando una creencia se instala en el imaginario colectivo, no importa si es cierta o errónea, resulta muy difícil erradicarla. Imposible, en ocasiones. Cuando esa creencia se refuerza a lo largo del tiempo, normalmente a base de repetirla, termina consolidándose y convirtiéndose en un axioma. Y todos sabemos que los axiomas, por definición, son incontestables.

Uno de estos axiomas es que la Ciencia-Ficción es un género literario escrito por hombres y dirigido a un público masculino, en el que las mujeres, autoras o lectoras, son una pintoresca y hasta entrañable excepción. Puede entenderse que esta idea emane de que, en efecto, la ficción científica fue considerada durante mucho tiempo un subgénero sin valor literario (estigma que aún arrastra hoy día, pero que de ser tratado en otra ocasión), limitado a su distribución a través de la llamada literatura popular, mediante publicaciones baratas (las celebérrimas revistas pulp, o en España los hoy reivindicados bolsilibros) enfocadas a un público generalmente juvenil, que buscaba la mera evasión, sin otras inquietudes.
Las historias publicadas de esta manera (relatos cortos o novelas por entregas), fuesen de Ciencia-Ficción, terror, fantasía o novela negra, estaban protagonizadas por hombres, héroes duros y viriles, culmen de todos los atributos masculinos, mientras que las mujeres quedaban reducidas a la categoría de acompañantes, damiselas en apuros o simples intereses románticos para el protagonista. La situación llegaba al extremo en las revistas de serie negra explotation y hard-boiled como Black Mask, con mayores cargas de violencia y erotismo, incluso hasta la pornografía.

Tomando la parte por el todo, se olvida que la Ciencia-Ficción fue un género que supo salir de las catacumbas del quiosco y la droguería, crecer, ramificarse, diversificarse y hacerse enorme hasta el punto de ofrecer candidatos al Premio Nobel como Arthur C. Clarke, y se pasa por alto que el papel de la mujer, como consumidora y como creadora de Ciencia-Ficción, evolucionó parejo al proceso de cambio que experimentó la propia ficción científica, género literario que, paradójicamente, nace con una novela firmada por una mujer.

Sin ánimo de ser exhaustivos, podemos hacer una breve panorámica de la presencia de las mujeres en la Ciencia-Ficción, a través del perfil de varias de las autoras más significativas del género. No conseguiremos extirpar una creencia sesgada y prejuiciosa, pero tal vez podamos comenzar a hacer girar la rueda:

Mary Shelley, la precursora
Si “Frankenstein o el moderno Prometeo” es o no la primera obra de Ciencia-Ficción de la historia no es algo que esté al alcance de este artículo dirimir, pero sí podemos afirmar, pues así se considera de manera casi unánime, que es el génesis y la primera obra de Ciencia-Ficción moderna. Es decir, la primera autora reconocida de Ciencia-Ficción fue una mujer. Publicada en 1818, “Frankenstein” de Mary Wollstonecraft Shelley (1797-1851) actualiza, como su subtítulo indica, el mito de Prometeo: el deseo del ser humano de imitar a la divinidad (o a la Naturaleza) creando vida, y las ominosas consecuencias que derivan de su arrogancia y su osadía. Con el monstruo del doctor Frankenstein, Shelley sienta una temática central y recurrente de la Ciencia-Ficción: la criatura artificial que se rebela contra su creador, con demasiados ejemplos para enumerar aquí: novelas como “La isla del doctor Moreau” de H.G. Wells, “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” de Philip K. Dick o “La torre de cristal” de Robert Silverberg, relatos como “No tengo boca y debo gritar” de Harlan Ellison, o sagas cinematográficas como “Terminator” o “Matrix”.

La repercusión de “Frankenstein” eclipsó otro hito significativo de Shelley, injustamente olvidado hoy día: “El último hombre” (The Last Man), editada en 1826. Vilipendiada y ridiculizada por la crítica en su momento, fue el mayor fracaso de la autora (pese a ser una de sus obras favoritas y más ambiciosas), y no se reeditó hasta 1965. Se considera la primera novela post-apocalíptica y la primera historia de anticipación distópica, pues narra la desaparición de la especie humana a finales del siglo XXI, como consecuencia de una plaga. Esta temática central de la Ciencia-Ficción será revisitada una y otra vez, a partir de “La Tierra permanece” de George R. Stewart (1949).

The Futurians, la igualdad
Los Futurianos fueron un fenómeno digno de estudio. Un colectivo de aficionados a la Ciencia-Ficción, devotos y muy activos (lo que hoy se denomina fandom) originarios o residentes de Nueva York, que entre 1935 y 1945 reunió a personalidades que después serían escritores, editores y/o críticos de primera línea del género.

A los Futurianos les unían elementos comunes como la condición judía (muchos lo eran, aunque no todos) y, por encima de todo, su mentalidad progresista, militando algunos de sus miembros en diversos partidos y agrupaciones de izquierdas, incluso en el Partido Comunista de América. Y dentro de este círculo de personas de mentalidad adelantada a su época, que incluso compartieron varias residencias comunes, no solo era habitual la presencia de mujeres, sino que éstas eran miembros de pleno derecho. Las Futurianas eran escritoras, ilustradoras o agentes literarias, pero ante todo eran aficionadas a la ficción científica y mujeres progresistas que vivieron con libertad y ajenas a los férreos convencionalismos sociales de su época. Varias de ellas se casaron con otros componentes del grupo. Por los Futurians pasaron:
– Judith Merril (pseudónimo de Judith Josephine Grossman)
– Virginia Kidd (después Virgina Blish, por matrimonio con James Blish)
– Elsie Balter (después Elsie Balter Wollheim, por matrimonio con Donald A. Wollheim)
– Rosalind Cohen (después Mrs. Dirk Wylie, pues su marido, Harry Dockweiler, era apodado Dirk Wylie)
– Mary Byers (después Mary Kornbluth, por matrimonio con Cyryl Kornbluth)
– Doris Marie Claire “Doë” Baumgardt (que firmaba con el pseudónimo masculino Leslie Perri).

Catherine Lucille Moore, abriendo camino
Firmando con sus iniciales para ocultar su condición femenina, C.L. Moore (1911-1987) fue una mujer en un mundo masculino (y marcadamente machista) como era la literatura pulp, en la que debutó en 1933 con el relato “Shambleau”, publicado en la mítica Weird Tales, y que arrancó elogios del mismísimo H.P. Lovecraft. En “Shambleu” vio la luz Northwest Smith, su personaje más conocido, un piloto de astronaves aventurero, desaliñado, cínico y socarrón, que aparecería en muchos de sus relatos posteriores y que inspiraría a otros personajes posteriores como Han Solo.

Esposa del también escritor de Ciencia-Ficción Henry Kuttner, formó con su marido un equipo muy productivo. La crítica estima, de manera unánime, que su obra conjunta atesora mayor calidad literaria que sus obras por separado. Por los condicionantes de la época, sus títulos solían publicarse firmados solo por Henry Kuttner o bajo pseudónimos masculinos.

Por desgracia, tras el prematuro fallecimiento de su marido, C.L. Moore apenas volvió a escribir, y tras casarse de nuevo lo dejó por completo y se retiró de la vida pública, haciendo apariciones contadas y esporádicas en convenciones.

Leigh Brackett, la reina del Space Opera
Leigh Douglass Brackett (1915-1978), apodada The Queen of Space Opera, escribió infinidad de relatos de este subgénero de evasión en publicaciones pulp como Astounding Science Fiction y Planet Stories. Con su novela negra “No Good from a Corpse”, publicada en 1944, llamó la atención de la industria del cine, comenzando una brillante carrera como guionista (que alternaría con su producción literaria), cuyo primer trabajo fue la adaptación de la inmortal “El sueño eterno” de Raymond Chandler, mano a mano con William Faulkner. Luego vinieron otras como “Rio Bravo”, “Hatari”, “Rio Lobo” o “El largo adiós”, series televisivas como “Alfred Hitchcock presenta”… y un primer guión de “El imperio contraataca”, aunque desgraciadamente falleció antes de concluir la versión final, en la que consta como co-autora.

Octavia E. Butler, escribir contra la adversidad
De raza negra, huérfana de padre desde muy pequeña, disléxica, tímida y retraída, y criada en una familia de estricta moral baptista, Octavia E. “Junie” Butler (1947-2006) no estaba en el mejor punto de partida para ser escritora de Ciencia-Ficción, género que conoció y amó a través de revistas pulp como Galaxy o Fantasy and Science Fiction. Pero en su adolescencia ya escribía sus primeros relatos. Practicó la Ciencia-Ficción social, y al igual que su amigo Samuel R. Delany, su obra trata de la influencia de elementos como la raza, el género y la sexualidad en la conformación de las identidades sociales. Ganó, entre otros, dos Hugo y dos Nebula. Apadrinada por Harlan Ellison, su obra disponible en castellano incluye la Trilogía del Xenogénesis, compuesta por las novelas “Amanecer”, “Ritos de madurez” e “Imago”, publicadas entre 1987 y 1989.

Marion Zimmer Bradley
Siempre con una perspectiva femenina y feminista, Bradley (1930-1999) fue escritora y editora, fomentando que otros autores y autoras incluyesen en sus obras heroínas y personajes femeninos que se saliesen de los roles tradicionales. Sus obras más conocidas son la Saga de Darkover, que combina Ciencia-Ficción y fantasía, muchos de cuyos títulos, lamentablemente, son muy difíciles de encontrar en castellano, y la novela “Las nieblas de Avalon” (ganadora del premio Locus), una revisión del ciclo artúrico narrado por Morgana. Su figura se ha visto empañada recientemente por las acusaciones de abuso sexual por parte de su hija Moira.

Lois McMaster Bujold
Amada y odiada a partes iguales por su literatura de evasión, sin pretensiones trascendentales, la autora nacida en 1949 comenzó a escribir por necesidades económicas. Desde 1986 viene publicando, además de otros libros y relatos, la Serie de Miles Vorkosigan, que cuenta con veintiún títulos, por ahora. Los ataques de la crítica especializada, que considera que su ficción científica carece de rigor y que no aporta nada innovador al género, no le han impedido hacerse con cuatro Hugo y un Nebula, pues el público, verdadero juez último, se lo pasa en grande con las aventuras, intrigas, conspiraciones y romances del deforme pero aristocrático Miles Vorkosigan.

Nancy Kress
Comenzó a escribir como entretenimiento, primero fantasía y después ficción científica, para terminar siendo una de las autoras más reconocidas de la actualidad. Nacida en 1948, publicó su primer relato en 1976. La avalan un premio Hugo, cuatro Nebula y un John W. Campbell Memorial, entre otros. Su obra principal es la Saga de los Insomnes, una trilogía encuadrada dentro del postcyberpunk que arranca con “Mendigos en España”, publicada en 1994, y que reflexiona sobre unas diferencias de clase agravadas por la ingeniería genética.

Ursula K. LeGuin
Tal vez la autora de ficción científica más prestigiosa, la doctora Ursula Kroeber Le Guin (nacida en 1929) es el máximo exponente de la Ciencia-Ficción social. Feminista, anarquista y taoísta, practicó  también la fantasía con su célebre saga Terramar, aunque es en su Ciclo de Hainish o Universo Ekumen donde mejor ha podido especular con sus postulados sociales, con obras como “Los desposeídos, una utopía ambigua”, en la que plantea las posibles contradicciones derivadas de una sociedad anarquista, o “La mano izquierda de la oscuridad”, estimada como su obra maestra, ambientada en un planeta en el que todos los individuos son hermafroditas, mudando de sexo según condicionantes externos y pudiendo concebir vida. A su dos Hugo, cuatro Nebula y cinco Locus se suma el mérito de ser la primera mujer en ser nombrada GrandMaster de la Sciencia Fiction Writers of America.

Connie Willis, la más popular
El autor de Ciencia-Ficción más laureado es una mujer, y se llama Connie Willis. Once premios Hugo, siete Nebula y cuatro Locus, entre otros, la convierten en la autora contemporánea más agraciada por público y crítica. Constance Elaine Trimmer Willis, nacida en 1945, es autora de diecisiete novelas y un buen número de relatos y ensayos. Sus obras más destacadas son las novelas “Los sueños de Lincoln”, “El libro del día del juicio final”, “Oveja mansa”, “Por no mencionar al perro” y “El apagón”. En castellano se publicaron varios de sus relatos en dos tomos titulados “Lo mejor de Connie Willis I & II”. Como otras autoras, Willis normaliza la presencia de protagonistas femeninas, sin que éstas tengan que ceñirse a determinados cánones preestablecidos.

Llegados aquí, cabe matizar que las escritoras del género no estuvieron solas en su lucha, pues los prejuicios y estereotipos en la Ciencia-Ficción no se limitan a una cuestión de sexo. La mentada era del pulp, la llamada Edad de Oro, se caracterizó por la preponderancia de una perspectiva masculina excluyente también por otros factores, como la raza o la posición social. Todos los personajes eran de raza blanca, pero también de fenotipo anglosajón y habitualmente jóvenes y físicamente atléticos y atractivos, siempre capaces de las mayores proezas. Editores históricos como John W. Campbell o Horace Gold merecen todo el crédito por su labor promocionando y editando a escritores que hoy son primeros nombres del género, pero también cabe un cierto revisionismo de sus sesgos, y ciertos sectores críticos tildan abiertamente hoy a Campbell de racista. Autores como Samuel R. Delany poseen el valor de abrir la Ciencia-Ficción a la diversidad, y de plantear historias protagonizadas por hombres o mujeres, de distintas razas o mestizaje de las mismas, con distintas opciones sexuales y/o con diferencias físicas o mentales. El relato “Flores para Algernon” (1966) de Daniel Keyes supuso un acontecimiento histórico: estar protagonizado por un discapacitado intelectual.

La óptica femenina en la Ciencia-Ficción, por tanto, no se reduce por necesidad a la Ciencia-Ficción feminista, ni se circunscribe únicamente a ella. La Ciencia-Ficción feminista ha sido practicada en múltiples formas por igual por hombres y mujeres (con obras como “Venus mas X” de Theodore Sturgeon, “Houston, Houston, ¿me recibe?” de James Triptree o “El hombre hembra” de Joanna Russ), pero la obra de las autoras de Ciencia-Ficción conforma un único conjunto con la de sus colegas masculinos, un corpus literario completamente integrado y normalizado en el que las diferencias de sexo se diluyen para dar paso a las simples diferencias de perspectiva personal y de modo de concebir la literatura propias de cada autor. De igual modo, los galardones que, en número y variedad, acumulan las autoras aquí presentadas, deberían ser claro indicador de la aceptación que tienen entre público e industria.

Así, y si bien es innegable la desproporción numérica de mujeres con respecto a la de hombres en el mundo de la Ciencia-Ficción, debemos comenzar a replantearnos el estereotipo comúnmente extendido y aceptado de que la ficción científica es un género “de hombres”, y abandonar afirmaciones categóricas como que la presencia de autoras es testimonial o no supone una aportación de peso al conjunto de la Ciencia-Ficción como manifestación artística y literaria.

Fuente: https://maleducadas.wordpress.com/2015/12/22/las-mujeres-en-la-ciencia-ficcion/

La ciencia ficción de Doris Lessing




 Desde luego, pasará mucho tiempo antes de que alguien pueda afirmar con la serenidad y el aplomo de George Eliot que "el arte debe ser real y concreto o ideal y ecléctico. Ambos son buenos y auténticos a su modo, pero mis historias pertenecen a la primera clase". ¿Qué es real?, ¿concreto?, ¿ideal?, ¿ecléctico?, empiezan a preguntarse nuestros autores de medio pelo. ¿Qué es el arte? Sea lo que sea el arte, no lo es la novela seria de nuestra época, cuya textura tanto se asemeja a ese entumecimiento en el que se encuentra entrampado Satanás en el centro del círculo interior del infierno.

Aunque Doris Lessing tiene más en común con George Eliot que con cualquier novelista serio contemporáneo, no siempre está por encima de la solemnidad, entendida como lo opuesto a la mera seriedad. [...] Por otro lado, es una moralista a la antigua usanza, lo que significa que tiende a tomarse muy en serio lo cotidiano. Me da la impresión de que su ámbito es el de la investigación en profundidad -y no en un tono superficial- de la relación auténticamente moral. Digo "me da la impresión" porque he entrado en contacto con la obra de Doris Lessing tarde. Empecé a leerla con Memorias de una superviviente , y ahora, con Shikasta , la he seguido hasta el género de la ciencia ficción, donde está haciéndose un hueco propio en algún punto entre John Milton y L. Roy Hubbard.
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Lessing nos cuenta que, en un principio, tenía la intención de elaborar un único volumen a partir de ciertos temas del Antiguo Testamento [...], pero que ahora se ha embarcado en una serie de fábulas sobre dominaciones y poderes interplanetarios. "Tengo la sensación de que se me ha dado libertad para ser tan experimental y tan tradicional como me plazca." No estoy seguro de a qué se refiere con "experimental" y "tradicional". Como mucho, la prosa de Lessing es sólida, lenta y un poco desmañada. [...]

[...] Al igual que la espléndida Memorias de una superviviente , Shikasta es el resultado de una imaginación formidable. Lessing es capaz de inventar cosas que parecen reales, y en eso estriba la capacidad narrativa, pero la escritura seria ha ejercido influencia suficiente sobre ella como para que tenga necesidad de disculparse. "En la actualidad, es habitual decir que los novelistas de todo el mundo están transgrediendo los límites de la novela realista porque lo que vemos en derredor es cada día más descabellado, más fantástico, increíble. [ ] La antigua novela ´realista también se está viendo transformada debido a la influencia de ese género que responde a la imprecisa definición de ficción espacial." En realidad, yo no he apreciado ningún indicio palpable de esta influencia, e imagino que ella tampoco, pero no es insólito que un escritor vea el desvío que ha tomado como una autopista en la que de pronto todo el mundo ha reparado y que no tardará en estar atestada [...].

Si este libro tiene algún precursor reciente, este es Kart Vonnegut, hijo. Lessing se ha deshecho en elogios con él: "Vonnegut denota una moral a la antigua usanza [ ], ha reducido al absurdo las pequeñas categorías, las afectadas divisiones entre literatura «real» y el resto, porque es cómico y triste a un tiempo, porque su dolorosa seriedad nunca es solemne.[...]"

Lessing padece una influencia mayor, si cabe, del Antiguo Testamento. "Tenemos por costumbre dejar de lado el Antiguo Testamento porque Jehová, o Yavé, no piensa ni se comporta como un asistente social." Adiós a la idea de Jesucristo como artífice de buenas obras y científico definitivo. Lessing no anda del todo descaminada, pues las espeluznantes historias del furioso Dios del Antigua Testamento constituyen un telón de fondo para la "buena nueva" de Jesús, las "recitaciones" de Mahoma, el sentido de la ética judía; estas sangrientas historias conservan un extraordinario poder mítico, que Milton fue el último en manifestar en toda su intensidad.

En cierto sentido, la obra de Lessing, Shikasta , es en mayor medida un retorno al espíritu (que no, por desgracia, al lenguaje) de Milton que al del Génesis. Pero Lessing lo hace todavía mejor que Milton, o peor. Milton era dualista. Lucifer refulge como el hijo de la mañana, y la divinidad también refulge. Su enfrentamiento es aterrador. Aunque Lessing baraja opuestos, tiende hacia el unitarismo. Está imbuida del espíritu de los sufíes, y si hay algo que me ponga más nervioso que un seguidor de Jung, es un sufí. Lessing está convencida de que es posible "«ponerse en la onda» de una mente superior, o mente arquetípica, o inconsciente, o como quiera uno llamarlo, y que eso explica una gran cantidad de improbabilidades y «coincidencias»". No hay duda de que Lessing se pone en onda; y desde luego Shikasta está llena de improbabilidades y "coincidencias". En otro texto ("In the World, Not of It"), Lessing ha expresado su admiración por un tal Idries Shah, un hacendoso proveedor contemporáneo de sufismo (de la palabra árabe suf , que significa "lana" el disfraz de los ascetas).

A Idries Shah se le ha descrito en las páginas de la New York Review of Books como el autor de obras repletas de "constantes equivocaciones, traducciones chapuceras e imprecisas, e incluso faltas ortográficas en nombres y palabras orientales. Bajo la apariencia de erudición, se nos pide que aceptemos un embrollo de perogrulladas, impertinencias y charlatanerías". Lessing admira a Idries Shah [...] y utiliza con pleno convencimiento citas de La exploración dérmica , obra en la que éste reproduce pasajes de Los relojes cósmicos , de M. Gauquelin. "Ese asombroso paralelismo con la insistencia sufí en la capacidad relativamente superior que presenta la comunicación sutil a la hora de afectar al hombre, se aprecia en la obra científica que demuestra cómo todos los organismos vivos, incluido el hombre, se muestran ´increíblemente sensibles a ondas de energía extraordinariamente débiles, cuando influencias más robustas quedan excluidas ." En esta última cita dentro de una cita estriba el tema de Shikasta .

Lessing cae en la presunción de que una civilización galáctica bondadosa y sumamente avanzada, que radica en Canopus, está enviando ondas armoniosas aquí y allá, al estilo del Dios de Milton antes de que Lucifer se hartase. Canopus vive en armonía con otro imperio galáctico denominado Sirius. Hace mucho, mucho tiempo [...], ambos libraron una Gran Guerra, pero ahora reina la serenidad entre ambas galaxias. En este caso, no se me ocurre ningún paralelismo con el Antiguo Testamento. ¿Representa Canopus el cielo frente al caos de Sirius? Sea como fuere, el malvado planeta Shammat en el imperio galáctico de Puttiora resulta ser nuestro viejo amigo Lucifer o Satán o el Señor de las Moscas, y el planeta Shikasta (que somos nosotros) es el campo de batalla entre las vibraciones armoniosas de Canopus y las vibraciones malignas de Shammat, que bombardean constantemente nuestro planeta. Al final, Lucifer es arrojado entre aullidos a ese lugar donde prefiere reinar, y todo es paz y armonía entre los hijos de Dios. Lessing carece de negatividad. Allí donde el Lucifer de Milton es digno de admiración, el Shammat de Lessing es un travestido cuyos agentes planetarios parecen un cruce entre el monstruo de Tolkien y sir Lew Grade. [...]

Al igual que el arcángel san Miguel, Johor viaja a través del tiempo de Shikasta. Las primeras ciudades del planeta se construyeron de tal forma que los transmisores de Canopus pudieran enviar ondas de energía benigna; como resultado de ello, la población local (preparada por amables gigantes) era dichosa y retozona. "Canopus podía proveer a Shikasta de un aire fértil y vigoroso, que mantenía a todos sanos y a salvo y, ante todo, les hacía amarse los unos a los otros. [ ] Este suministro de aire de primera calidad tenía un nombre. Se llamaba SDSC -la sustancia del sentimiento común-[...]". Pero el suministro de SDSC se acaba. Las ciudades de llanuras quedan destruidas. Se propaga la Enfermedad Degenerativa y la raza sufre de "grandiosidad y ostentación", breve esperanza de vida y mal carácter. La Enfermedad Degenerativa es para Lessing el equivalente al pecado original que propició la caída del hombre cuando Eva mordió la manzana.

El paseo de Johor por la historia de la humanidad da pie a algunos buenos ratos. Se esfuerza denodadamente por contener la influencia maligna de Shammat, y la autora no solo nos lleva hasta el presente, sino más allá: los chinos no tardarán en ocupar Europa. Lessing es una maestra del estilo escatológico, y Memorias de una superviviente es una obra maestra de este género. Si bien allí donde el primer libro se centraba en un Londres muy real en un estado terminal perfectamente verosímil, Shikasta no alcanza nunca un grado aceptable de verosimilitud. [...]

La afinidad de Lessing con el Antiguo Testamento, en combinación con la cualidad difusa del sufismo de nueva hornada, la ha acabado metiendo en un barullo filosófico. Sin la noción del libre albedrío, la humanidad no tiene interés en absoluto; desde luego, sin el libre albedrío no puede haber literatura. Ver al Lucifer de Milton derrocar con toda serenidad la inteligencia dominante de su creador es todo un espectáculo, pero en la obra de Lessing no ocurre nada por el estilo. Desde el momento de la creación, los shikastanos de Lessing están programados por fuerzas externas, unas veces benignas, otras malignas. Se muestran pasivos por completo. No hay ningún Prometeo; no hay siquiera una Eva. El hecho de que, en el transcurso de un libro largo, Lessing no se las haya arreglado para crear un personaje con el más mínimo interés no es tanto la secuela de un fracaso de su considerable arte cuanto un indicio de que ha rendido su mente a la SDSC, o a los sufíes ataviados con túnicas de lana, o al Dios Celoso.

A todas luces, cabe abogar a favor de la predeterminación, o la predestinación, o del glorioso B. F. Skinner, alabado sea. La propia Lessing bien podría argüir que el aparentemente inexorable código del ADN es una forma de programación genética que cabría equiparar a la intervención de Canopus, y que, en cualquier caso, nuestras insignificantes vidas son otros tantos tropismos intercambiables que responden a estímulos externos. En mi opinión, el caso humano es más interesante que todo eso. El hecho de que ninguna religión haya ofrecido una razón satisfactoria para el existencia del mal ha mantenido a los seres humanos en vilo durante los breves respiros que se nos permiten entre las sucesivas eras de fe, con las que siempre se puede contar para crear ese estado común que tanto parece intrigar a Lessing y a sus colegas ataviados con túnicas de lana, una condición que tan certeramente describe el siniestro dicho latino E pluribus unum .

En el fondo, Shikasta no es una fábula de la voluntad humana frente a un dios que ha agraviado al buscador del fuego, sino un cuento de hadas acerca de fuerzas extraterrestres buenas y malas que disfrutan de un morboso placer al manipular a una humanidad parecida a un hormiguero. Por supuesto, Doris Lessing no es la primera que se inclina hacia esta "religión". De hecho, tiene un competidor de talla en un profeta vivo cuya poderosa mente ha concebido una raza de tetianos que antaño vivieron entre nosotros; ellos también desbordaban SDSC; después, se fueron. Pero no todo está perdido. El profeta vivo nos ha contado su historia. En un principio, escribió una novela de ciencia ficción y la gente de mal talante se mofó de él. Pero no se vino abajo. Tenía la convicción de que en su mano estaba salvarnos, devolvernos la sabiduría de los tetianos, "librarnos" de toda maldad. Así que creó un segundo libro sagrado, Diabética: el poder del pensamiento sobre le cuerpo. Hoy en día es el único propietario del Iglesia de la Cientología. Doris Lessing haría bien en abandonar a Idries Shah, con su túnica de lana, para unirse al señor L. Ron Hubbard, que ya ha recorrido, triunfante, el sendero que holla la autora.

Este texto ha sido tomado de la flamante edición de Ensayos (1952-2001), publicada por Edhas
Por Gore Vidal




Fuente: La Nación