"LAS REMOTAS EDADES" en la VIII Feria Internacional del Libro de Cochabamba


El día martes 4 de noviembre se presentó la I Antología de Ciencia Ficción Boliviana, "Las Remotas Edades" de Iván Prado Sejas y Miguel Esquirol, en la VIII Feria Internacional del Libro de Cochabamba. Dicha antología reúne relatos de ciencia ficción en sus distintos subgéneros de 21 escritores reconocidos en Bolivia. Comentaron sobre la obra Dennis Morales y Gonzalo Montero Lara, escritores de ciencia ficción y narrativa fantástica.  He aquí las palabras de Miguel Esquirol, al respecto de la obra, a través de una nota enviada desde el Canada:

"Durante muchos años la ciencia ficción ha sido un género menor, despreciado por escritores y por el público en general.  Hoy en día, es imposible pensar en la vida cotidiana sin usar las herramientas que la ciencia ficción ha creado. Vivimos conectados a distancia, con seres digitales realizando las más aburridas tareas por nosotros, y una fuente de información inagotable de facil acceso. La ciencia ficción ya no es el primo tonto de la literatura, y en muchas ocasiones parece que tiene mas respuestas (o al menos mejores preguntas) que otros escritores serios. 

Pero no vivimos un futuro utópico que muchos escritores soñaron. Nuestra historia está desfasada, tenemos naves espaciales y luchas religiosas. Satélites y tribus desconectadas de la civilización. Podemos imprimir órganos vitales, mientras mujeres pierden los suyos propios por el único hecho de nacer mujeres. 

Si vivimos en un futuro, se trata de una distopía y quizás es el trabajo de estos escritores de imaginar nuevos futuros hacia donde dirigirnos. Nuevos pasados que explican nuestro presente. Nuevas ilusiones para los niños de hoy.

Es por todo esto que es más importante hoy que nunca que la literatura de ciencia ficción en Bolivia tenga su lugar.  Que encontremos un lugar donde hablar del mundo que nos rodea, con su tecnología, su virtualidad y su inacabable tendencia a la esperanza.

“Las Remotas Edades” es una muestra de lo que Bolivia está escribiendo y pensando, la preocupación en nuestro propio futuro. Y si alguien se pregunta porque el título del libro, en primer lugar porque es un verso menos conocido del himno nacional que habla del poder de la palabra de enviar al futuro ideas y sueños.  Y también porque tiene un ligero eco maravilloso a aquel comienzo de película: “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy remota”.

Abducciones, literatura Boliviana y Liliana Colanzi



María Paz Rodríguez


A Liliana Colanzi la conocí el año pasado en el lanzamiento de Los Muertos de Álvaro Bisama. Carla, la mujer de Álvaro, nos presentó, y ese mismo día, nos regaló un anillo con un gran diamante azul con forma de corazón. “Ustedes son parecidas, creen en las mismas cosas”, nos dijo ella. Casi un año después de eso, tuve la suerte de leerla. Estaba en el destino, teníamos que compartir un anillo con un diamante azul. Creemos en las mismas cosas. Carla tenía razón. 

La Ola (Editorial Montacerdos) es un libro de cuentos; 7 para ser exactos. Y desde el principio, la prosa de Colanzi te abduce en su forma de enfrentar cada historia. Realmente estás ahí, con ella; observando y captando lo que sus protagonistas sienten. La autora se mueve segura. Sabe donde va. Rompe los esquemas y se conecta, como medium, con una voz profunda, que le dicta secretos proféticos que aquí nos son revelados.

Como cajas chinas, la autora maneja varias historias paralelas, que se despliegan como mandalas; siempre en control, siempre dirigidas hacia epifanías, meticulosamente trabajadas, que presiento, son la fuerza de sus cuentos.

Porque si hay algo que decir de La Ola, es que es un texto que se construye a través de fuerzas subterráneas, que la autora saca a colación. Y que dirige como reflexiones o como imágenes o como una “buena o mala energía”, que creo, alcanza un tono profundo. Una literatura que se conecta con voces del más allá y del más acá. Personajes y momentos llenos de simbología.

El imaginario de La Ola, además, está plagado de rarezas; de particularidades; de luces extraterrestres, contacto con otros mundos, espíritus y presencias que, con voz propia, transitan por el texto desde chamanismo, las tradiciones indígenas, los viajes y más viajes, extranjería y extranjerismo.

Además, todo esto está plagado del factor humor que creo, es el quinto elemento de este libro. Pienso que La Ola es altamente recomendable. Y hay que seguirle la pista a esta chica que seguro, podría formar una secta, algún día, en alguna estrella cercana.

Fuente: http://mariapazrodriguez.tumblr.com/post/102223278186/abducciones-literatura-boliviana-y-liliana-colanzi

El científico Michio Kaku: “está claro que estamos en un plano regido por reglas creadas y no determinadas por azares universales”

Los descubrimientos y las hipótesis emergentes en la ciencia en general posibilitan a los escritores especular y generar "hipótesis" nuevas, y esto con el tiempo retroalimenta a la propia ciencia. Muchos de los descubrimientos realizados en la Astronomía y en la Astrofísica tienen su base en "hipótesis" planteadas por los escritores de ciencia ficción. En ese contexto, este artículo resulta muy interesante para los escritores...

El científico Michio Kaku: “está claro que estamos en un plano regido por reglas creadas y no determinadas por azares universales”


El físico teórico Michio Kaku afirma haber creado una teoría que puede apuntar a la existencia de Dios. La información ha creado un gran revuelo en la comunidad científica porque Kaku es considerado uno de los científicos más importantes de la actualidad, uno de los creadores y desarrolladores revolucionarios de la Teoría de Cuerdas por lo que es muy respetado en todo el mundo.

Para llegar a sus conclusiones, el físico hizo uso un “semi-radio primitivo de taquiones” (que son partículas teóricas capaces de “despegar” la materia del universo o el contacto de vacío con ella, dejando así todo libre de las influencias del universo que les rodea), tecnología creada recientemente en 2005.

Aunque la tecnología para llegar a las verdaderas partículas de taquiones aún está lejos de ser una realidad, el semi-radio tiene algunas pocas propiedades de estas partículas teóricas, que son capaces de crear el efecto de los verdaderos taquiones en una escala subatómica.

“Estamos en un mundo hecho por reglas creadas por una inteligencia”

Según Michio, vivimos en un “Matrix”: “He llegado a la conclusión de que estamos en un mundo hecho por reglas creadas por una inteligencia, no muy diferente de su juego de ordenador favorito, por supuesto, más complejo e impensable”.

Y prosigue: “Analizando el comportamiento de la materia a escala subatómica, afectado por el semi radio primitivo de taquiones, un diminuto punto en el espacio, por primera vez en la historia, totalmente libre de cualquier influencia del universo, la materia, la fuerza o la ley se percibe de una forma inédita el caos absoluto. Créeme, todo lo que llamamos azar hoy no tendrá más sentido. Para mí está claro que estamos en un plano regido, por reglas creadas y no determinadas por azares universales”, dijo el científico.

Fuente: http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=28238

LAS REMOTAS EDADES, I Antología de Ciencia Ficción Boliviana


La I Antología de Ciencia Ficción Boliviana se presentó con éxito en la Feria Internacional del Libro de La Paz, y ahora en noviembre se presenta en la Feria Internacional del Libro de Cochabamba.

En la nueva narrativa boliviana correspondiente a este nuevo milenio, emergen también corrientes fantásticas, donde los escritores nacionales muestran su talento literario. La antología elaborada por Iván Prado Sejas y Miguel Esquirol Rios traduce el pensamiento fantástico, no sólo universal, sino también del hombre boliviano inmerso en un mundo de transformación continua. La literatura fantástica no es solamente entretenimiento, historias de amor y aventuras, sino también involucra crítica histórica futurista o del pasado remoto, surgimiento de posturas políticas y socioeconómicas, emergencia de sociedades utópicas y distópicas, cristalización o transformación del conocimiento,  análisis filosófico y existencial de la vida, y proyección hacia el Multiverso y sus significados.

Autores reconocidos y consagrados dentro de la literatura boliviana en sus distintos géneros, la mayor parte de ellos con una o varias obras dentro del género de literatura fantástica hacen parte de la antología. Con la colección de cuentos elegidos y que posibilitan viajes intergalácticos, viajes en el tiempo, conocimiento de sociedades distópicas y utópicas, traspaso por portales dimensionales y cibernéticos, y otras aventuras estelares, el lector ingresará en mundos desconocidos, y seguramente saldrá sorprendido y muy gratificado.

LISTA DE CUENTOS Y AUTORES DE LA ANTOLOGÍA

1) REALITY RUNNER, de Edmundo Paz Soldán
2) REGRESO, de Giovanna Rivero
3) LOS EXPERIMENTADORES, de Rodrigo Antezana Patton
4) IGNEO, de Biyú Suarez
5) LA NOCHE DE ALEJANDRO, de Homero Carvalho Oliva
6) EL FIN DE LA FISICA UNIFICADA, de Arturo von Vacano
7) TERRANOVA, de Sisinia Anze
8) EL INTERPLANETARIO DE FUTBOL 2504, de Fanny Escobar Silva 
9) EL ULTIMO WIKIORGASMO DE PEI PEI FRANCELLA, de Miguel Lundin Peredo
10) INTERRUPCION, de Daniel Averanga Montiel
11) LOS RECONSTRUCTORES de Juan Carlos Capra Jemio
12) LIRITH, de Ana Castellanos de Ríos
13) KRYGOR, de Gonzalo Montero Lara
14) MI DICTADOR, de Dennis Morales Iriarte
15) LAS MUJERES MARIPOSA DE BETRIX, de Hugo Murillo Benich
16) EL POEMA LETAL, de Harry Marcus
17) EL DESPERTAR DE LA BELLA DURMIENTE,  de Adolfo Cáceres Romero
18) DESPUES DE LAS BOMBAS, de Gonzalo Lema
19) EVOLUCION, de Fernando Aracena Cejas
20)  LOS SUEÑOS DEL PADRE, de Iván Prado Sejas
21) INDUSTRIAS PATIÑO, de Miguel Esquirol Ríos


Compiladores: Iván Prado Sejas & Miguel Esquirol Rios

JORGE LUIS BORGES: LO FANTÁSTICO Y LA FICCIÓN CIENTÍFICA

Pintura de Bety Alonso

DE: IVÁN RODRIGO MENDIZABAL*

Quisiera abrir un acápite respecto a los planteamientos que Jorge Luis Borges tiene respecto a la ciencia ficción. De hecho, tomando en consideración su pensamiento y trabajo literario –al igual que en el caso de Julio Cortázar–, quiero plantear un debate que además dé cuenta de los aportes de los escritores latinoamericanos en el campo de la ciencia ficción. Habría que partir afirmando que el pensamiento en el continente en relación a este género sigue de modo diferente a la tradición internacional dada.

Para el caso, diré que Jorge Luis Borges es quizá uno de los primeros en introducir una discusión en Latinoamérica sobre el tema de la ciencia ficción. Vale la pena aludir, en este contexto, al estudio de referencia de Carlos Abraham, Borges y la ciencia ficción (2005), donde el filósofo argentino analiza los acercamientos que realiza Borges respecto a este tema.

De acuerdo a Abraham, el interés de Borges sobre la ciencia ficción se ancla en sus lecturas que hiciera de las obras de Julio Verne, H.G. Wells, así como de H.P. Lovecraft, incluidos ciertos autores fantásticos y esotéricos del siglo XIX. Posteriormente le va a llamar la atención escritores norteamericanos como Ray Bradbury y Olaf Stapleton.

Al realizar un recorrido sobre la obra de Borges, Abraham nos dice que hacia 1940, al prologar la novela de Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel, habla de ella como una “imaginación razonada” (p. 31), noción que le parecía oportuna para definir a ese género nuevo el cual ya tenía algún antecedente en Argentina con ciertos cuentos de Leopoldo Lugones en Las fuerzas extrañas (1906), al igual que en relatos de Santiago Dabove. Desde ya tal idea la estaba empleando en sus reseñas literarias cuando se refería a los textos de Verne y de Wells, aunque también, y de modo indistinto, Borges esgrimía otras nociones como “epopeya del porvenir” y “novela de orden profético” (p. 99). Sin duda, todas estas ideas y posibles definiciones pretendían incluso definir mejor a lo que se conocía por entonces en ciertos círculos literarios como “novela científica” y “ficción científica”.

Cabe señalar que la novela científica o la ficción científica fue cultivada en Latinoamérica desde finales del XIX imitando, en cierta medida, las obras de algunos autores europeos, particularmente Wells. En otros casos la ficción científica de comienzos de siglo XX tuvo mucho de la ficción fantástica decimonónica como es el caso de las aventuras extraordinarias de Verne. Los intereses en relación al impacto de la ciencia y la tecnología en dichos trabajos estaban presentes pero pronto algunas de las ficciones no eran tan entusiastas toda vez que prevalecían las preocupaciones más bien de índole político y cultural en el continente.
Si Europa estaba alcanzando la modernidad más rápidamente, en Latinoamérica esto recién se estaba empezando a dar en medio de tremendas disputas de poder que incluso el liberalismo no pudo contener. El problema del retraso industrial, en determinados casos en países del continente ha tenido consecuencias futuras, obligando a que se repiensen procesos, hasta llegar a dictaduras que trataban de alcanzar el progreso a través de la modernización luego de la II Guerra Mundial. En este universo, lo que se hacía respecto a la novela científica fue poco desarrollada e incluso abandonada en muchos países de Latinoamérica. No obstante eso, está claro que sí se leía novela científica y pronto ciencia ficción. Prueba de ello el interés de Borges respecto a los trabajos que se hacían sobre todo en Estados Unidos.

Mientras Borges escribía sobre sus lecturas y planteaba en sus cuentos una cierta aproximación a lo que hoy se entiende como lo fantástico, la denominación “ciencia ficción” fue cada vez más popular en Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX. Cuando algunos autores y editoriales se referían al término “ciencia ficción”, evidentemente tenían en mente a Hugo Gernsback, el fundador de la revista “Amazing Stories” (1929) y su propuesta de nombrar a las obras del género con dicho nombre.

En este marco, Borges pronto tuvo una negativa reacción respecto a dicha concepción. Es así que hacia 1955, cuando escribió el prólogo de Crónicas marcianas de Ray Bradbury, por fin planteó, en una nota aclaratoria, su crítica a tal denominación. En el mencionado prólogo señalaba: “Science-fiction o scientifictiones un monstruo verbal en que se amalgaman el adjetivo scientific y el nombre sustantivo fiction” (p. 8).

Luego de tal reacción, pasados algunos años, Borges postuló fehacientemente, en 1965, la denominación “ficción científica”, acogiendo con entusiasmo el trabajo El hacedor de estrellas (1937) de Olaf Stapleton. Con dicho nombre, recuperado además de la tradición de inicios de siglo, Borges trataba de nombrar las obras de ciencia ficción que, en efecto, estaban poblando con fuerza el mercado argentino, sobre todo con el trabajo de la editorial Minotauro. Así, en el prólogo de Hacedor de estrellas decía Borges que la ficción científica era la evolución de la novela científica clásica y la caracterizaba como una “fábula o fantasía de carácter científico” (p. 8). Se observa, de este modo, que Borges pensaba en la ciencia ficción en conexión con lo fantástico tradicional.

Al mismo tiempo que Borges planteaba este debate, Abraham nos recuerda que el autor de Ficciones (1944), también, hacia la década de 1960, empezó a equiparar ficción científica con la science fiction o ciencia ficción que criticaba. En Introducción a la literatura norteamericana (1967) escrito junto a Esther Zemborain, Borges acoge la definición de Kingsley Amis –tomado de New maps of hell (1960) y traducido luego como El universo de la ciencia ficción (1966)–, la cual dice: “Es un relato en prosa cuyo tema es una situación que no podría presentarse en el mundo que conocemos, pero cuya base es la hipótesis de una innovación de cualquier orden, de origen humano o extraterrestre, en el campo de la ciencia y de la tecnología, o si se quiere, de la pseudociencia o de la pseudotecnología” (p. 121). El propio Borges incluso menciona a Gernsback como el iniciador de la moderna ciencia ficción desde que fundara otra revista, previa a “Amazing Stories”, llamada “Modern Electrics” (1911), donde apareció en forma de folletín su novela Ralph 124C 41+.

Se podría decir que en la definición que recupera Borges se puede encontrar la idea que la ciencia ficción es un tipo de relato realista basado en alguna hipótesis acerca de un fenómeno pero que no se puede dar en el mundo que se conoce sino en uno alternativo y posible; la referencia a la ciencia o a la pseudociencia abre la posibilidad de considerar, en este marco, a obras que pueden involucrar aspectos por ejemplo esotéricos y probablemente los míticos.

Hacia la década de 1980, de acuerdo a Abraham, Borges va a desistir en tratar de acercarse más a una idea de la ciencia ficción que relacione el asunto de la tecnología y la ciencia; por el contrario, la reivindicación en el autor argentino apuntará a dar lugar a la imaginación más que al artificio técnico o científico; en este contexto Borges pensaba ya a la ciencia ficción como “simulacro científico”, la cual tendría una limitación en cuanto trata de privilegiar una explicación de algún procedimiento; por ello retoma la idea que ya estaba presente en su trabajo como escritor: restituir la dimensión de la magia o de la fantasía. Pero vale la pena citar la idea que Borges tiene de la ciencia ficción en ese tiempo, recogida por María Esther Vázquez en su biografía Borges, sus días y su tiempo (1999) y que Abraham recupera en su Borges y la ciencia ficción:
“En las novelas de science-fiction se postula un mecanismo, por ejemplo una máquina para viajar en el tiempo, un tratamiento que haga invisibles a los hombres, etc. Ahora bien, entiendo que el defecto de este procedimiento es que el autor empieza con una idea que tiene todo el aspecto de ser razonable (por ejemplo, que el cuerpo humano pueda hacerse invisible mediante un tratamiento adecuado), pero luego no lo explica, nos dice que lo ha inventado otro, y aquí sentimos una suerte de flaqueza, un desfallecimiento de la invención. En cambio, en el caso de una capa, en la cual un hombre se envuelve para hacerse invisible, tenemos que abandonar nuestra imaginación a ese hecho, que, por lo demás, no ha sido inventado por el autor, sino que pertenece a una tradición de la imaginación humana. En ese sentido, me parece que hay algo más limpio en las ficciones mágicas que en las de simulacro científico, género que tiene algo impuro, un principio de pensamiento, de razonamiento que no se realiza. En cambio, podemos decir que en nuestro tiempo creemos en las posibilidades de la ciencia y creemos mucho menos en las posibilidades de la magia” (p. 112).

Para finalizar debo señalar que es evidente que a Borges no se le puede calificar en sí como un escritor de ciencia ficción, pero sí indicar que muchas de sus obras, cuentos o ensayos ficcionales se han relacionado con la ciencia ficción como método para rearticular el lugar del enigma, de la imaginación o de la hipótesis.

Por ejemplo, en el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” que forma parte de Ficciones, Borges inscribe muchos elementos que bordean a la ciencia ficción; tomando en cuenta a Abraham, señalo que no interesa tanto el descubrimiento de algún planeta, ni los procesos científicos para su develamiento, sino el hallazgo de un grupo de textos que hacen referencia a aquél; así, parece sugerirnos que tras un discurso, incluso anclado en los mitos de origen, hay mundos otros que son imaginarios, con una coherencia y autonomía propias, incluso de valores como la ideología o la determinación social; en otras palabras, en este cuento, como otros que escribió Borges, siguiendo la lógica de algunos de autores de referencia y dando una vuelta a su sentido, se puede postular una arqueología de un posible futuro, una antropología de una supuesta cultura (que puede ser la nuestra y que ha desaparecido en algún futuro), una sociología de un encuentro, una mitología que no tendría nada que ver con el pasado, e inclusive una filosofía del ser atravesado por diversas dimensiones culturales (entre ellas la ciencia y la tecnología).

Fuente: http://cienciaficcionecuador.wordpress.com/2014/09/01/jorge-luis-borges-lo-fantastico-y-la-ficcion-cientifica/

Iván Rodrigo Mendizabal nació en La Paz, Bolivia, y actualmente reside en el Ecuador promoviendo la literatura fantástica ecuatoriana.
Biografía resumida de Iván Fernando Rodrigo Mendizábal: Candidato Doctoral en Literatura Latinoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar - Ecuador. Magíster en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina Simón Bolívar - Ecuador. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Actualmente es Director de Postgrados y de Investigación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Los Hemisferios. Asimismo es profesor invitado del programa de postgrado en Comunicación de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Autor (entre otros) de Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk), Cartografías de la comunicación (2002) y Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004). Referencia tomada de: http://ivanrodrigo.wordpress.com/97/

LO FANTÁSTICO, LO SOCIAL Y LA LIBERTAD EN JULIO CORTAZAR



En su centenario tenemos a un Julio Cortazar vivo en la realidad latinoamericana, y su obra sigue siendo una fuente de inspiración para los jóvenes escritores. Acá tenemos una parte de una entrevista realizada por José Hernandez que muestra la postura de Cortazar frente a la vida, por lo tanto, frente a una literatura fantástica inmersa en lo social. 

La libertad, según Julio Cortázar

Por José Hernández
(Publicado en diario Hoy) 
El lugar de Cortázar. Calle Martel, número 4, piso séptimo, sin ascensor: Julio Cortázar vivía en un apartamento amplio y espacioso con grandes y altos ventanales. Un inmenso salón aparecía apenas abría la puerta. A la izquierda, separada por una  barra de madera, estaba su cocina que no daba muestras de ser muy utilizada. Bajo la barra yacían largas filas de botellas de vino rojo vacías. En medio del salón tenía una pequeña mesa de vidrio, con decenas de pipas, y sillones de cuero. Él usaba el más cercano al ventanal central que desparramaba esa luz parisina que tanto añoraba. La silla baja ponía en evidencia sus largas piernas. Al fondo, al lado de su biblioteca, tenía una colección envidiable de discos de vinilo que él separaba con pedazos de cartón en los cuales anotaba, con marcador, el nombre de músicos o géneros. El jazz era el más  preponderante. Era un melómano irreductible.
En ese departamento me recibió generosamente algunas veces. Esta entrevista, sobre la Libertad, fue la más larga que me concedió y se publicó en una docena de medios de Europa y América. Ahora que  Rayuela cumple 50 años, HOY  reproduce un buen extracto. Se hizo en octubre de 1982, 16 meses antes de su muerte. JH
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¿Cuál es el significado que usted le da a la palabra libertad?
Si el hombre ocupa, por derecho propio, el punto más alto de la escala zoológica en la medida que tiene una conciencia, un sentido social y una memoria (que se ha ido convirtiendo a lo largo de las generaciones en lo que llamamos historia, por un lado, y cultura, por otro) yo diría que es gracias al ejercicio de su libertad.
La noción de lo humano está, en mi opinión, intrínsecamente ligada a la noción de libertad.
Por lo tanto, separar la noción de libertad de la noción del hombre significa destruirlo.
Eso explica el profundo desprecio que los regímenes fascistas o reaccionarios tienen por la libertad. Lo tienen precisamente porque saben que disminuyendo o eliminando las libertades acercan al hombre al tipo de sociedades animales. En un sistema fascista, el hombre no está llamado a discutir sino a obedecer. No está llamado a elegir sino a cumplir una tarea fijada por adelantado. La libertad es para mí, como usted ve, una condición sine qua non de la vida.

¿Cómo caracterizaría usted la evolución de su noción de la libertad hasta sus 20 años?
Hasta mis 20 años y aún mucho después, yo me defendía individualmente. Es decir, sin ninguna conciencia de la dimensión histórica de la libertad.
Luego vino la tentativa de embarcarse hacia Europa con sus amigos…
Todos mis amigos trataron de hacer ese viaje que era más platónico que real. Ahora bien, las verdaderas razones que me llevaban a emprender esas tentativas de viaje eran sobre todo de tipo literario. Entre los 10 y los 20 años me convertí en un lector apasionado e indiscriminado como todo joven.
Comencé a leer en otros idiomas y me fabriqué eso que se llama una cultura que, para mí, era imprescindible en una ciudad como Buenos Aires. La Argentina era un país muy evolucionado pero cuando empecé a pensar en lo que podría ver y encontrar en Europa, Asia o África, sus límites me resultaron demasiado estrechos.
La literatura y más concretamente el sentimiento poético que siempre tuve desde muy niño, me impulsaron a pasar las fronteras para ir a ver lo que era el mundo. Sentí que tenía que ir a ejercitar mi libertad fuera de mi propio país.

¿En qué medida movimientos como el surrealismo contribuyeron a fortalecer esa vocación?
En una gran medida. Me parece bien que mencione el surrealismo aunque hubo muchas otras actitudes y corrientes literarias que me mostraron Los caminos de la libertad para emplear el título que Jean-Paul Sartre dio a su trilogía de novelas. Mucho antes del surrealismo había habitado, en Europa, el movimiento que se llamó El romanticismo. Y sus grandes poetas Chateubriand y Víctor Hugo, en Francia; Byron, Shelley y Keats, en Inglaterra, fueron, cada uno a su manera, apóstoles de la libertad. Las grandes figuras del romanticismo fueron libertarios y anarquistas sin darle a la palabra el sentido que tomó después de la doctrina de Bakunin.
El romanticismo reivindicó que el hombre como individuo, tenía el derecho y la obligación de abrirse al máximo. Incitándolo a tener la máxima porosidad frente a todo lo que la vida podía darle. A la influencia extraordinaria del romanticismo, quisiera agregar la de Julio Verne. Todos los niños de mi generación leíamos apasionadamente a Julio Verne. Cosa que no sucede hoy porque los niños encuentran muy primario el mundo científico del escritor francés. Pero piense que le hablo de una época que se extiende entre 1894 y 1934. Julio Verne era perfectamente contemporáneo en ese momento.
Sus héroes son también un símbolo de libertad. Porque son los grandes viajeros, los grandes aventureros; los que van a la luna, le dan la vuelta al mundo en 80 días, y hacen las cinco semanas en globo. Los héroes de Verne exploran, descubren, y avanzan en el conocimiento.
Me veo siempre a los 9 o 10 años marcando en un atlas el itinerario de los protagonistas a través de los países donde les sucedían sus aventuras. Recuerdo a los hijos del capitán Grant que van, inclusive, hasta la Argentina y visitan la Patagonia. Ante el mundo de Julio Verne yo me decía que era inconcebible permanecer siempre en ese suburbio de Buenos Aires.

¿Volveremos al surrealismo?
El surrealismo fue una gran lección de libertad en el plano de la literatura. No ya de la vida. Aunque vida y literatura son la misma cosa. El surrealismo fue una tentativa de sacar todas las etiquetas, las categorías, las ideas recibidas y los lugares comunes de la tradición cultural y reemplazarlos por una visión nueva. Una visión casi pre-adánica: una visión primordial de la vida en toda su belleza, en toda su virginidad, en toda su pureza.
La lección de la poesía surrealista se sumó entonces a las experiencias que había estado absorbiendo y todo eso hizo de mí el individuo que soy.
Como  escritor usted ha mostrado su entera libertad. ¿Cómo estableció, en un comienzo, esa relación entre escritura y libertad?
Desde muy joven me di cuenta de que entre la gente que me rodeaba había dos corrientes muy definidas.
Por un lado, estaba los que yo llamaría la línea tradicional. Es decir, los jóvenes que después de haber leído mucho y haber elegido, de manera consciente o no, ciertos modelos, comenzaban a escribir sin abandonar el camino que la tradición les señalaba.  Borges comenzaba a asumir una dimensión muy importante entre los jóvenes argentinos, y muchos de ellos lo imitaban pasivamente.
La segunda corriente, que yo acepté automáticamente, era mucho más libre. Se trataba de recibir la tradición cultural y elegir influencias, pero de ninguna manera seguir caminos trazados previamente. Ni siquiera para modificarlos.

¿Hasta ahí no había seguido los movimientos sociales y la situación política internacional?
Sí, pero con un interés que no iba más allá de la lectura de los periódicos. Desde Buenos Aires, había seguido todo el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y, como usted se imagina, estuve siempre de parte de los aliados. Pero sin mover un solo dedo.
Yo había elegido un punto de vista que me parecía verdadero y lo proclamaba donde podía a mis amigos, pero nunca se me había ocurrido que los hombres tienen también posibilidades de acción más directa.
Cuando conocí la derrota de la tiranía de Batista, sentí que ya no bastaba con simpatizar y apoyar teóricamente a Cuba. Por primera vez quise estar presente, y pude hacerlo, menos de dos años después de la revolución.
El espectáculo de ese pueblo que en medio de dificultades espantosas, carestías, amenazas y bloqueos luchaba desesperadamente para imponer su ideal de libertad y de soberanía, sirvió de catalizador.
En Cuba, bruscamente, descubrí mi condición de latinoamericano. En Cuba sentí que mi libertad no la podía guardar egoísta o estéticamente sino que debía unirla a la lucha por la libertad de todo un pueblo.
A partir de ese momento, mi noción de libertad se enriqueció. Dejó de ser una noción teórica y egoísta para convertirse en una vivencia, en una necesidad vital de cada día.
Por ello he sostenido otras causas de la libertad, y ahora hago lo que puedo por apoyar a Nicaragua, El Salvador, Argentina, Chile… Todo esto dentro de límites que, a veces me parecen ridículos. ¿Qué puede hacer, en efecto, un intelectual frente a la fuerza bruta y a la opresión desatada?
Estoy convencido, sin embargo, de que nuestras posiciones tienen un valor. Quizás a largo plazo. Todo está en no callar, en no resignarse.

¿De qué manera el marxismo contribuyó a ampliar su noción de la libertad?
Yo entré en la dialéctica marxista sin especializarme, pues leí la literatura de Marx sin ningún método. El marxismo me sirvió para comprender mejor la lucha de clases y la opresión basada en las desigualdades sociales.
Posteriormente, fui conociendo las aplicaciones del marxismo en la Unión Soviética, en otros países e inclusive en Cuba, tratando de ver en qué medida el esquema marxista funcionaba y en qué medida había que revisarlo, ajustarlo y ponerlo al día.
Es evidente que si Marx escribiera El Capital en 1982, tendría que modificar muchísimos criterios. Las estructuras sociales, por ejemplo, han cambiado con las guerras mundiales y con las evoluciones e involuciones a lo largo de los años. De manera muy general sigo creyendo que el socialismo -por invalidar el fin mismo del capitalismo- es la idea más evolucionada que ha tenido la humanidad desde el punto de vista social.
El futuro, si llegamos a tener uno, tendrá que ser socialista.

¿La escritura le permitió escapar a lo que usted había denominado el “enfrentamiento y la frustración” entre el individuo y la sociedad?
No. Al contrario. La escritura me fue llevando como un pequeño protagonista, inclusive, a ese enfrentamiento. Al principio me había escapado, pues, como ya le expliqué, me mantenía completamente al margen de ese tipo de conflictos. A medida que avanzaba en la vida y en la literatura, y mientras mi propia escritura me llevaba por nuevos caminos, sentí que me acercaba cada vez más a un tipo de situaciones, de relatos, de novelas y cuentos donde esos afrontamientos eran no sólo visibles sino cada vez más palpables. El punto más extremo que he alcanzado en ese camino es la novela que se llama  Libro de Manuel, en donde la incidencia de la literatura y de la historia se buscan y se provocan en cada página.

¿Cómo siente usted su libertad frente a las sociedades actuales cuyas poblaciones, en su mayor parte, viven lejos de opciones de real libertad?
Están naciendo los neofascismos y los neo-nazismos. América Latina cuenta con sus exponentes más ilustres en países como Chile, Uruguay y Argentina. Eso es una situación que yo como hombre y escritor vivo diariamente de una manera dramática y, en algunos casos, patética. Siento que la libertad y las libertades están cada vez más amenazadas.

¿Pesimista?
En absoluto. Y me agrada decirlo porque creo que si lo fuera, la vida no tendría sentido. Sobrevivir a lo que me muestra el periódico todas las mañanas es, de por sí, una prueba de optimismo. Estoy convencido de que esos vaivenes se han repetido pendularmente a lo largo de la historia.
El mundo antiguo conoció el fascismo de los romanos y el nazismo de los asirios -yo los calificaría así por sus puntos de vista- pero vio nacer, igualmente, movimientos de liberación en los que los pueblos buscaron otros caminos de libertad.

Usted ha fustigado, con frecuencia, los “mandarines del Occidente ” y abogado por una suerte de humanismo socialista. ¿De qué tipo?
No estoy en contra de la noción misma del humanismo tal como se entendió, por ejemplo, durante el renacimiento italiano. Pero hay un humanismo conectado con las corrientes li berales y eclécticas de pensamiento que es, en realidad, un escapismo. A fuerza de querer defender la justicia, la libertad y los Derechos Humanos en un plano teórico, no defiende absolutamente nada.
El humanismo socialista ha optado, en cambio, por una visión de la sociedad, un camino evolutivo positivo de la humanidad y la defensa celosa de la libertad. Yo he criticado las formas de socialismo donde eso comienza a faltar, donde se comienza a notar que ciertas fuerzas de poder, ciertas consignas y obligaciones se vuelven más fuertes que los valores humanos.
Cuando en la Unión Soviética se persigue a escritores, músicos, filósofos por el hecho de criticar aspectos de su sociedad, eso ya no tiene absolutamente nada de socialismo ni de humanismo. Eso es una simple repetición, en el campo de lo que, grosso modo, llamamos la izquierda, de procedimientos típicos de la derecha.
En todo proceso hay momentos de avance y de retroceso. Cuando el retroceso se llama José Stalin, es un momento absolutamente siniestro. Si a esa etapa sucede otra más positiva en la que nuevamente se busca una construcción socialista, lo que cuenta es que, contrariamente a los Estados Unidos en Vietnam, es la idea socialista lo que se está defendiendo. En ese caso, mi elección está hecha y no cambiaré jamás. Su pregunta, en todo caso, me preocupa y me atormenta. Ojalá pudiera yo encontrar una solución.
Recuerdo que hace algunos años, Juan Goytisolo me tiró todo por la cabeza después de que yo hice una declaración en ese sentido. El ponía Checoslovaquia y Vietnam en el mismo nivel. Y ese es el criterio habitual en el humanismo liberal, que, en el caso de Goytisolo y quienes piensan como él, desemboca en una ineficacia total en el plano de la acción que pueden ejercer los intelectuales en la realidad histórica. Ese humanismo abstracto, de puro principio, no ayuda ni al capitalismo, que no le hace caso, ni al socialismo que busca combatir con sus declaraciones.

¿Según qué criterios se podría afirmar que Julio Cortázar es un hombre libre?
Yo no le daré ninguna fórmula. Le voy a dar un sentimiento, una intuición que he tenido a lo largo de mi vida, y es que asimilo la noción de libertad a la noción de felicidad. Toda pérdida de libertad es una sujeción y, por lo tanto, una pérdida de posibilidades vitales y una disminución de la felicidad.
Entiendo por hombre feliz aquel que puede realizarse en los múltiples planos que él mismo elige: la música, el amor, el boxeo… Ninguna realización personal puede darse sin un verdadero clima de libertad. Si esas posibilidades están frenadas, cortadas o suspendidas por razones de tipo ideológico o de opresión económica -o cualquier otra forma de sujeción- la felicidad desaparece.

¿No hay una clara contradicción entre esa vocación a la felicidad y la angustia que usted comprueba cada mañana leyendo los periódicos?
La felicidad está lejos de ser un estado permanente cuando se tiene una inteligencia y una moral. Mi felicidad personal está permanentemente amenazada y destruida y no solo por la lectura de los periódicos.
Pero eso no me quita la disponibilidad para la felicidad. Apenas disminuida o eliminada, vuelvo naturalmente, como un péndulo, en busca de ella. Ese es el límite para el cual la libertad es absolutamente imprescindible.

Fuente: http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/la-libertad-segun-julio-cortazar-594139.html

Pedro Albornoz gana el Premio Franz Tamayo



"Con un relato fantástico Pedro Albornoz gana el Premio Franz Tamayo"

La Paz | Giannina Machiado, Los Tiempos, Tragaluz
El jurado  del  XLI Concurso Municipal  de Literatura Franz Tamayo dio a conocer su fallo la tarde  del pasado  martes. Desde la Oficialía Mayor de Culturas de La Paz, se informó que el ganador  del concurso es el escritor cochabambino Pedro Albornoz Camacho, cuya obra, “El otro Muro”, sobresalió de entre los 76 trabajos presentados.

Según el jurado, su obra “maneja varios niveles, construye un mundo ficticio sólido y tiene un manejo de lenguaje coherente”.

El ganador obtendrá un premio de 20  mil bolivianos, un  diploma de honor y la publicación de su obra. Albornoz, de 43 años, es licenciado  en Comunicación Social y Periodismo por la Univalle, además tiene una maestría  de la Universitat de Barcelona en Educación Superior. El también fotógrafo habló con La Prensa sobre sus intereses y su obra ganadora.

¿Cómo  se siente al ganar el  Franz Tamayo?
Algo estresado  porque hoy (ayer) es el cumpleaños de  mi  madre y estoy organizando todo.  Desde el menú: cocino picante de lengua atómico con arroz de co-co; hasta los cócteles: cupuazú, vodka, vodka y más vodka... Muy peligrosa la mezcla.
¿Cuál fue  su primera impresión al saber que ganó?
La verdad, no  me  acordaba de que había postulado al concurso este año porque estaba  muy ocupado organizando el  cumpleaños de mi madre, por  eso, cuando me dijiste por teléfono que suponías que ya me habían avisado del premio, tardé un buen  rato en reaccionar.
¿A qué se debe el título?
El título tiene que ver con un concepto que extraje de la dramaturgia –el del cuarto muro  invisible que existe entre el espectador  y el microcosmos representado en el escenario–  que también se aplica en la narrativa y de los peligros que se conjuran cuando este límite es violado.
¿De qué género es la obra?
Es narrativa fantástica.  No tiene espadas ni dragones ni hadas. Trata de los peligros inherentes en la creación tanto para la criatura como para el creador.
¿Está basada en algún personaje o situación real?
Hallo que es imposible escribir algo que no se fundamente en personas o situaciones reales, así que debo decir que sí. Uno de los elementos centrales del cuento es la creación literaria como proceso cosmogónico, un evento de ordenación y transmutación de caos a orden y de vuelta a caos.
¿Cómo fue el  proceso creativo?
El proceso creativo fue bastante bizarro. Un día le dije a mi mejor amigo que escribiría un cuento y que no me levantaría de cama hasta   terminarlo.  Entonces él se quedó a mi lado y no  permitió que me levantase  sino hasta escribir la última palabra,   lo cual  fue lo mejor  que  me  pudo pasar porque, a medida que  me voy acercando a los puntos más importantes de un texto mío, mi inconsciente me comienza a pinchar y meterme compulsiones absurdas:  barrer,  cocinar,  preparar  jarras  y jarras  de  piña  colada. Fueron  tres días mágicos  y el cuento  es tan suyo como mío.

Otros premiados
“Todo lo que soy será tuyo” de Guillermo Ruiz Plaza obtuvo el segundo premio consistente en Bs 10 mil. De acuerdo a las bases del certamen Ruiz formará parte de la antología junto a las menciones que recayeron en las siguientes personas:  Luis Fernando Sánchez Guzmán con la obra “¿Les estás viendo?”, Gabriel Alejandro Iriarte Rico por “Purgatorio”, Liliana Carrillo Valenzuela, autora de “Los perros del desaguadero”, Lucio Polevoi Torrico Díaz por  la obra “Razones”, Lourdes Betsy Reynaga Agrada por el cuento “Extraños en un tren” y también la obra de Daniel Averanga Montiel.

Fuente: http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/tragaluz/20140731/pedro-albornoz-gana-el-concurso-franz-tamayo_268499_588984.html